Autores famosos nos llevan por Nueva York

Con este artículo hemos visto que Nueva York no se limita a los rascacielos y al ruido. Es el culmen de la inspiración para algunos autores inolvidables. Hay escritores que prefieren la tranquilidad, la calma para ponerse a escribir; pero otros, necesitan recoger testimonios emocionales, ver una ciudad en constante ebullición. Y por eso, como amantes de la literatura, nos tenemos que meter en la cabeza esta frase: hay que ir a Nueva York.

Nueva York, ciudad literaria

Nueva York, ciudad literaria

Paul Auster es un escritor neoyorquino. Y está contento de serlo. No sólo por su archifamosa ‘Trilogía de Nueva York’, que se ambienta íntegramente en la que podría ser la capital del mundo de nuestra era. Auster ama la ciudad, donde vive desde 1974. Se inspira en ella para construir personajes condicionados por su atmósfera cosmopolita.

Vivir en Nueva York es, por lo que intuimos en su obra, estar embriagado por ella, casi encerrado emocionalmente. Quinn, el protagonista de ‘La ciudad de cristal‘ (primer tomo de la trilogía), no podría haber sido de la misma manera si hubiese crecido en otro lugar. Sus vivencias están condicionadas por el ambiente. Ese ambiente callejero, casi asfixiante, donde puedes entrar en cualquier sitio a cualquier hora y puedes sentarte a tomar un café caliente, comprar la prensa allí mismo y discutir de béisbol con el camarero.

En la web viajesyofertas.net no es difícil encontrar una oferta para volar a esta ciudad. Para sentir lo que siente Paul Auster cuando se pone delante de un cuaderno. Tanta gente, tantos edificios altos, ver si es verdad eso de los puestos de salchichas que también aparecen, con un protagonismo especial en ‘La conjura de los necios’ de John Kennedy Toole (aunque en este caso, en Nueva Orleans).

Viajesyofertas.net nos propone una guía para visitar Estados Unidos y en concreto la capital cultural del mundo occidental la ciudad de Nueva York, con una detallada guía de los lugares donde más se puede vivir este periodo festivo. La película ‘Smoke‘, dirigida por Wayne Wang y escrita por el propio Auster, es una de esas obras donde parece no ocurrir nada, pero contiene precisamente un cuento de Navidad extraordinario y una particularidad: el protagonista es un estanquero que toma fotografías diarias desde la puerta de su establecimiento. Y yo me pregunto: ¿es posible sentirse impulsado a hacer fotos de una ciudad como Nueva York con esa frecuencia? ¿Es Nueva York una potencial fuente de sentimientos como podría serlo una ciudad europea como Florencia, París, Londres, Roma?

En ‘Brooklyn Follies‘, por ejemplo, Auster nos pone por delante una Nueva York condicionada por el 11-S (es inevitable), jugando incluso con ver el lado feliz, alegre de la vida después de la tragedia. No me negarán que es un riesgo absoluto presentar de esta manera una ciudad repleta de personas que tienen que pasar todos los días por lo que ahora es la Zona Cero. Cabizbajos, resignados, dolidos, los neoyorquinos han asimilado que es preciso que ese lugar maldito por los acontecimientos forma parte de la cotidianeidad, porque hay que pasar por ahí para ir al trabajo, la oficina, la escuela, la vuelta a casa.

Auster nos demuestra, en definitiva, que es improbable poder sentarse a escribir sobre algo ambientado en Nueva York sin imprimirle ese aire enigmático, esa afirmación de que, por muchos años que viva uno allí, todavía tiene preguntas sin responder.

Pero vayamos a otra perspectiva: a la de un español salpicado profundamente por el 11-S. Estoy hablando de Antonio Muñoz Molina y su novela ‘Ventanas de Manhattan‘. ¿Pueden imaginarse lo que sintió? Pues a pesar de todo, gracias a las características de la ciudad, no podemos hablar de que se sintiera con la necesidad de olvidarlo todo, como viaje, como experiencia. Al contrario, dice «Me gustaría acordarme de cada una de mis caminatas y de todas las ventanas a las que me he ido asomando en Manhattan…»

Y estamos hablando de una ciudad urbana, que carece de monumentos de hace 500 años. No encontraremos plazas medievales ni fastuosas catedrales (a excepción de la de San Patricio), sino que tendremos que encontrar encanto en el tráfico, en las tiendas, en las luces de neón encendidas incluso de día.

Muñoz Molina aprovecha no para idealizar la ciudad, sino para enriquecerla a través de su visión, casi a modo de ensoñación. La perplejidad la convierte en una experiencia surrealista, marcada por el asombro constante, donde uno fácilmente puede sentirse un don nadie, una aportación no imprescindible de la multitud inexorable. Y así podemos definir a ‘Ventanas de Manhattan’ como una obra inclasificable, compuesta por pasajes, secuencias (de nuevo fotografías) de lo que podría haber sido una reflexión oportunista sobre el 11-S y termina siendo una descripción de un reputado escritor española que de repente es un puntito, un incansable voyeurista que sólo quiere exprimir sus días de estancia. Llega a decir, en lo que sería el resumen de todo: «Miro y escribo«.

Y a todo esto, ¿me creerían si les digo que hay una adaptación del famoso cuento de Charles Perrault, ‘Caperucita Roja‘, ambientada en Nueva York? Y además la escribió una española: la talentosa Carmen Martín Gaite, que en paz descanse. Se llama ‘Caperucita en Manhattan‘ (qué mejor título) y se trata de una divertidísima reinvención de la historia que todos conocemos. En lugar de encontrarse con un lobo, es un señor llamado Wolf. Se añade picardía, realismo, y donde antes era un bosque, ahora es Central Park, claro. En esta misma corriente está la película ‘Freeway’, por cierto, con Reese Witherspoon como Caperucita y Kiefer Sutherland como el Lobo.

Por último, hay que analizar la otra visión. La del adolescente que transita por Nueva York y está perdido la mayoría de las veces. Cómo una ciudad puede convertirte en adulto con un par de experiencias inesperadas. Estoy hablando, claro, de la famosísima novela ‘El guardián entre el centeno‘, de J. D. Salinger. Un niño de papá que de repente decide marcharse de casa en un acto de rebeldía sumamente irracional, y deja que la ciudad le envuelva en lo que es una catarsis, de nuevo con la ciudad con un protagonismo subterráneo, pero permanente.

Con este artículo hemos visto que Nueva York no se limita a los rascacielos y al ruido. Es el culmen de la inspiración para algunos autores inolvidables. Hay escritores que prefieren la tranquilidad, la calma para ponerse a escribir; pero otros, necesitan recoger testimonios emocionales, ver una ciudad en constante ebullición. Y por eso, como amantes de la literatura, nos tenemos que meter en la cabeza esta frase: hay que ir a Nueva York. Y para ello, nada como informarse bien, en viajesyofertas.net, sobre el país de Estados Unidos, buscar un vuelo muy económico, y anticipar nuestro alojamiento de una manera sencilla y dinámica. Y con un amplísimo buscador, ya que viajesyofertas.net, una de las mayores virtudes que tiene, es que por su condición de metabuscador, ofrece un repertorio de alternativas realmente atrayente.

Imagen | ZonaInmobiliaria

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