A los veinte años de la muerte de Juan Carlos Onetti

Creador del mítico universo de Santa María, fue una de las grandes figuras de las letras uruguayas en el siglo XX, con novelas como ‘El astillero’ o ‘Juntacadáveres’.

Plaza Montevideo

En el panorama de la literatura uruguaya del siglo XX, una de las grandes figuras es el novelista Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909-1994), de cuya muerte se cumplieron el pasado 30 de mayo veinte años. Es considerado una especie de patriarca o mentor de la llamada Generación de 1945 -la de Mario Benedetti, Idea Vilariño y Emir Rodríguez Monegal, entre otros- tanto por edad como porque, cuando ésta surgió, ya había publicado varias obras, concretamente ‘El pozo’, ‘Tierra de nadie’ y ‘Para esta noche’.

Periodista durante muchos años, fue encarcelado durante la dictadura de Bordaberry (1973-1976) y, una vez puesto en libertad gracias a la intervención de otros intelectuales, se instaló en España, donde permanecería el resto de su vida, aunque, una vez reinstaurada la democracia en Uruguay, recibió invitaciones para volver a su país.

Profundo admirador de la obra de William Faulkner, como sucede con éste, las grandes novelas de Onetti se desarrollan en un universo ficticio y propio: el de la ciudad de Santa María. En ella suceden sus historias, siempre presididas por un existencialismo pesimista y desesperanzado. Este mundo propio irrumpe en su cuento ‘La casa en la arena’ pero, sobre todo, sirve de marco para sus mejores creaciones: ‘La vida breve’, ‘Juntacadáveres’ y ‘El astillero’, tres obras que en consecuencia conforman una suerte de trilogía. La primera de ellas, está protagonizada por José María Brausen, quién, durante una crisis vital, decide crearse un «alter ego» llamado Juan María Arce y escribir un guión sobre un tal doctor Díaz Grey (también éste aparecía en el citado cuento), que vive en la mencionada ciudad de Santa María.

Con estas dos historias, Onetti juega con la mezcla de ficción y realidad de una forma un tanto críptica. En cuanto a ‘Juntacadáveres’, éste es el apodo del protagonista, Junta Larsen, un individuo de mala catadura empeñado en crear un burdel en Santa María. Por su parte, en ‘El astillero’, reaparece este personaje, ahora expulsado de esa ciudad y que se traslada a una hora de viaje para trabajar justamente en un astillero al tiempo que ambiciona seducir a la hija de su jefe, una bella muchacha de treinta años con discapacidad mental.

Barcos pesca, Agadir

A la vista de todo ello, podemos concluir que cada una de estas tres novelas puede leerse de forma independiente. Pero lo que les sirve de nexo de unión es, sobre todo, el universo de Santa María, ese lugar mítico, triste, sórdido y poblado de torturados perdedores. Es el mundo creado por Onetti para mostrar sus inquietudes existenciales y su pesimismo vital.

En fin, otras obras destacadas del autor uruguayo son las novelas ‘Para una tumba sin nombre’ y ‘Dejemos hablar al viento; los volúmenes de cuentos ‘Un sueño realizado’ o ‘Tiempo de abrazar’ y las recopilaciones de artículos ‘Réquiem por Faulkner’ y ‘Un uruguayo en España’. Es, en suma, la de Onetti una creación de gran valor literario que le reportó premios como el Nacional de Literatura en su país en 1962, el Cervantes en 1980 (este mismo año fue propuesto para el Nobel) o el de la Unión Latina de Literatura.

Vía: Centro Virtual Cervantes.

Foto: John Seb Barber y Flexarorión.

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