Aleksandr Pushkin

Aleksandr Pushkin, quizá poco conocido para los occidentales, es un lírico excepcional y el poeta nacional ruso por excelencia. Ello no es injusto ya que fue el creador de la lengua literaria de aquel país -en un tiempo en que las personas cultas utilizaban el francés para escribir – y, con ello, de la moderna literatura rusa.
El camino por él abierto sería seguido posteriormente por escritores de la talla de Gógol, Turgueniev, Dostoievski o Tolstoi.

Aunque menos conocido que sus compatriotas Dostoievski y Tolstoi, Aleksandr Pushkin (Moscú, 1.799 – 1.837) es quién realmente crea la variante literaria de la lengua rusa, abriendo las vías por las que posteriormente circularon aquéllos. En un país en el que lo culto era escribir en francés, él supo otorgar la suficiente categoría a la lengua vernácula, de tal forma que, a partir de entonces, sus conciudadanos optaron por utilizar el ruso como idioma para la producción literaria. Y, aún hoy, sigue siendo considerado la gran voz de la lírica de su país.

Aleksandr Pushkin

Aleksandr Pushkin

Pushkin era un romántico, al más puro estilo de un Lord Byron o un Espronceda. Nacido en una familia aristocrática, su gusto por la lectura de obras literarias, hizo que nunca hiciese mucho caso a los estudios. Más bien, animado por su tío, el poeta Vasili Pushkin, se dedicaba a iniciales escarceos literarios. No obstante, se trasladó a San Petersburgo, capital por entonces, para estudiar, y allí residió la mayor parte de su vida. Por entonces escribe y publica su primera obra : el poema épico-cómico “Ruslán y Liudmila”, inspirado en las “bylinas”, cantares populares de gesta. Esta obra rompía con la grandilocuencia del clasicismo y proclamaba el triunfo de la estética romántica.

Su vida, hasta entonces, había sido tranquila y apacible. Pronto cambiaría. Al terminar sus estudios, entró a trabajar en el Ministerio de Asuntos Exteriores y comenzó a frecuentar círculos reformistas de oposición al Estado. Precisamente, unos versos de protesta, abiertamente comprometidos, disgustaron al Zar, que lo desterró a Ucrania y después, al servicio de un general, al Cáucaso, Kishiniov y Crimea.

Pushkin llevaba en todos estos lugares una vida disoluta de juego, alcohol y mujeres. Incluso ingresó en una logia masónica. Hasta que empezó a flirtear con la hija de un general. Como éste se oponía a que persona tan bohemia pretendiese a su hija, al escritor no se le ocurrió nada mejor que publicar un poema satírico sobre el militar, lo cual a poco le cuesta la vida. El Zar lo envió entonces, bajo vigilancia policial, a sus posesiones de Mijáilovskoie.


A pesar de su agitada vida en el sur, el poeta encontró allí ambientes muy gratos a los románticos, como las montañas, el mar, etc. Ello, unido a la influencia de Byron, le inspiraron para componer los llamados “poemas del sur”: “El prisionero del Cáucaso”, “Los hermanos bandidos”, “Los gitanos”, y “La fuente de Bajchisarai”, que le proporcionaron celebridad en toda Rusia. Allí comenzó también “Eugenio Oneguin”, novela en verso que quizá sea su mejor creación.

“Eugenio Oneguin”, que igualmente acusa influencias byronianas, cuenta

Pushkin

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la andanzas de un dandy petersburgués, frívolo y mujeriego. Pero, a medida que avanza la narración, el poema va enriqueciéndose formal y argumentalmente, pues se introducen los problemas éticos, sociales y políticos de la sociedad rusa. La obra es, asímismo, un precedente realista por la descripción de los ambientes rurales y de la vida de los terratenientes y del pueblo.

Tras la muerte del Zar, su sucesor, Nicolás I, le permite regresar a San Petersburgo. Pero el inquieto Pushkin pronto se encontró de nuevo en problemas : escribió “El poeta”, donde reclamaba su derecho a escribir en libertad, sin censuras.

Para evitar problemas, se recluyó en su finca de Bóldino. En aquella tranquilidad, escribió las llamadas “pequeñas tragedias” – “El caballero avaro”, “Mozart y Salieri”, “Un festín en tiempo de peste” y “El convidado de piedra”- y los cuentos agrupados en “Relatos de Belkin”.

En 1.831, contrae matrimonio con Natalia Goncharova, ajena a su vocación literaria y más partidaria de la vida social de la corte que del bucolismo rural. Ello ató a Pushkin a San Petersburgo, al cual empezaba a odiar, pues le repelía la aristocracia.

Pushkin

Pushkin

En este sentido, hay que señalar que el poeta siempre se sintió, a pesar de su origen, más cercano al pueblo humilde, y, fruto de ello, son las dos obras que escribió por entonces : la novela “La hija del capitán”, donde describe una sublevación campesina con indudable simpatía, y el poema “El jinete de bronce”, sobre la contradicción trágica entre las razones de Estado y el destino del hombre del pueblo. Junto a ellas escribe “El árabe de Pedro I”, relato familiar sobre las relaciones de su bisabuelo con este zar.

Modesto como nadie, un año antes de su muerte dio a conocer “El monumento”, donde considera que su creación le dará derecho al reconocimiento de su patria, ya que su obra siempre despertó sentimientos nobles y cantó a la libertad. Así de humildes son, a veces, los escritores.

Monumento a Pushkin en Moscú

Monumento a Pushkin en Moscú

Su doble interés por la historia y por Shakespeare había dado origen también a la tragedia “Boris Godunov”. Trata ésta sobre el zar del mismo nombre, de origen tártaro, que rigió los destinos de Rusia entre 1.598 y 1.605 – aunque ya había gobernado en calidad de valido antes – y que fue un excelente rector del país, el primero que se preocupó de modernizarlo, de mejorar la educación, y de realizar reformas sociales. Pero también fue hombre de carácter desconfiado y difícil en sus relaciones, lo que le llevó a perseguir duramente a sus enemigos, en especial a los futuros zares, los Romanov.

Por entonces, Pushkin era considerado una figura nacional – ingresó en la Academia rusa en 1.833 – y su trabajo muy bien remunerado. Pero su carísimo tren de vida le hacía acumular deudas. Su situación en la corte se hizo insostenible. A la citada escasez se unía su desagrado por la alta sociedad. Para intentar salir de la crisis, fundó la revista “El Contemporáneo” (1.836), que adquiriría importante prestigio en el mundo cultural del país y donde publicaría muchas de sus obras su amigo Nicolái Gógol.

En 1.837 apareció por San Petersburgo un militar extranjero, D’Anthes, que se dedicó a asediar a su esposa. Pushkin le retó a duelo y perdió, aunque de forma poco limpia. Era un digno final para un poeta romántico al que le hastiaba la vida superficial de la corte. Un extraordinario camino quedaba abierto para las letras rusas. Por él transitarían Gógol, Dostoievski, Turgueniev, Tolstoi y otros autores.

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