Antonio Buero Vallejo, el gran trágico español

El 29 de septiembre se cumplieron cien años desde el nacimiento del dramaturgo alcarreño, autor de obras tan relevantes como ‘Historia de una escalera’ o ‘Un soñador para un pueblo’.

escalera

No se ha caracterizado el teatro español por tener grandes autores de tragedias, al menos en sentido aristotélico. Mucho de trágico tienen los esperpentos de Valle-Inclán, aunque más de deformación de la realidad. También García Lorca muestra un gran talento para el género en sus tres dramas principales -‘Bodas de sangre’, ‘Yerma’ y ‘La casa de Bernarda Alba’, pero se basan en un sentido atávico de la existencia. De hecho, Lope de Vega, nuestro más grande autor teatral, llamó “Comedia nueva” al sistema dramático por el creado.

Si hubiera que buscar un verdadero trágico al modo clásico en nuestras letras contemporáneas, sin duda éste sería Antonio Buero Vallejo (Guadalajara, 1916-2000), de cuyo nacimiento se cumplieron la semana pasada cien años, aunque -como suele ocurrir- las autoridades académicas no se han acordado, salvo honrosas excepciones.

Buero llegó al teatro casi por accidente. Estudió Bellas Artes y. al igual que sucedió con tantos españoles, la Guerra Civil interrumpió su formación. Sin embargo, era un magnífico dibujante, faceta de la cual ya hemos hablado en este blog. Gran valor documental tiene el retrato que hizo del poeta Miguel Hernández, con quien coincidió en el penal de Ocaña tras la contienda. Como dramaturgo, su primera obra fue ‘En la ardiente oscuridad’, donde la ceguera ejerce un papel simbólico, pero no la estrenó hasta 1950. Anterior en este sentido fue ‘Historia de una escalera’, drama social que le dio el Premio Lope de Vega en 1948 y que tuvo el mismo efecto revitalizador para nuestro teatro que ‘La familia de Pascual Duarte’ para la narrativa.

En ella y como el propio título insinúa, Buero nos presentaba una comunidad de vecinos de clase humilde que viven frustrados en sus aspiraciones. La obra dio a conocer a su autor y le abrió las puertas del panorama dramático nacional. Tras ‘Historia de una escalera’, Buero trabajó incansablemente y, en unos pocos años, escribió casi diez piezas. Entre éstas, ‘La tejedora de sueños’, ‘Madrugada’ u ‘Hoy es fiesta’.

Más conocida es ‘Un soñador para un pueblo’, escenificada en esa época y de carácter histórico. Sin embargo, debe precisarse que muchos autores de entonces (también Buero) ambientaban sus obras en el pasado para burlar la censura y que ésta no tuviese en cuenta sus críticas al momento en que se estrenaron. Así, este drama nos lleva al reinado de Carlos IV, cuando el pueblo se subleva contra su valido, el marqués de Esquilache, cuyas ideas ilustradas defiende el autor.

Al mismo grupo de piezas históricas y con idéntico objetivo que ‘Un soñador para un pueblo’ pertenecen otros títulos, algunos protagonizados por personajes españoles muy relevantes: en ‘Las meninas’ es su autor, Diego Velázquez, quien simboliza la dificultad del artista para crear en tiempos autoritarios y en ‘El sueño de la Razón’ se trata de Francisco de Goya, quien con su sordera representa la incapacidad de algunos para escuchar lo que sucede a su alrededor. En el pasado se desarrolla también ‘El concierto de San Ovidio’, donde a través de una orquestina de invidentes Buero presenta la explotación del hombre por el hombre.

Sin embargo, hay otro grupo de obras del dramaturgo alcarreño que pueden considerarse aún más simbólicas. Entre ellas, la ya citada ‘En la ardiente oscuridad’, donde la ceguera (nuevamente) representa la limitación del ser humano para comprender la existencia. Y también ‘La tejedora de sueños’, una revisión del mito de Ulises y Penélope, e ‘Irene o el tesoro’, cuya protagonista se evade de una realidad insoportable a través de la ensoñación.

Finalmente, encontramos un tercer grupo en la producción dramática de Buero: el de las piezas de crítica social, al que pertenece la mencionada ‘Historia de una escalera’ y, junto a ella, ‘Las cartas boca abajo’ u ‘Hoy es fiesta’. La primera de ellas tiene como protagonista a una familia mientras que la segunda trata, de nuevo, sobre una comunidad de vecinos aunque la acción se traslada ahora a la azotea.

Esta división por tipos de las obras de Buero no es, evidentemente, exacta, de tal suerte que algunas de ellas podrían incluirse perfectamente en otro grupo. De hecho, cabría la posibilidad de añadir un cuarto: el de los dramas fantásticos. Entre éstos, ‘El tragaluz’, donde unos seres del futuro observan a los humanos, o ‘La Fundación’, en la que un supuesto centro investigador se trasmuta en una celda que comparten cinco condenados a muerte.

En fin, ‘La doble historia del doctor Valmy’, claro alegato contra la tortura; ‘Madrugada’, sobre la hipocresía; ‘La detonación’, acerca del suicidio de Mariano José de Larra, o ‘Misión al pueblo desierto’, en la que un pintor trata de salvar un cuadro de El Greco durante la Guerra Civil, son otras obras de Buero Vallejo, sin duda uno de los grandes autores teatrales del siglo XX, siempre preocupado por los misterios de la existencia humana y de los recovecos de nuestra conducta. Sin duda, este centenario merecía mayor homenaje.

Vía: ‘Biografías y Vidas’ / Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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