Calderón de la Barca: La inmortal pluma de un genio

Si la grandeza de un autor no depende del tamaño de su legado sino, más bien, de la inmortalidad de sus obras, hoy tenemos que rendir un merecido homenaje a uno de los poetas y dramaturgos más grandes de la literatura española, Pedro Calderón de la Barca. Basta sólo con mencionar una de sus obras teatrales, “La vida es sueño”, para comprender la magnitud de tal literato y su repercusión artística en el mundo de las letras. De hecho, pocos personajes escénicos han sido tan estudiados e interpretados como el trascendente Segismundo de Polonia que la protagoniza de forma tan intensa.

Pedro Calderón de la BarcaEl viaje que lleva a este ilustre escritor a la cumbre de la literatura universal, comienza en Madrid, donde nace un 17 de enero de 1600, en distinguida cuna. Con el sacerdocio en mente, su padre le hace cursar sus estudios en el Colegio Imperial de los jesuitas de Madrid y, posteriormente, en las afamadas universidades de Alcalá y Salamanca. Sin embargo, y para desazón de su progenitor, a los veinte años de edad, Calderón de la Barca abandona temporalmente su carrera eclesiástica para medrar en la corte del rey Felipe IV, como respetado dramaturgo. Allí recibirá, de manos del monarca, la distinción de caballero de la Orden de Santiago así como su nombramiento como capellán de honor de la realeza. Finalmente, fallece un 25 de mayo de 1681, consagrado ya como uno de los más grandes dramaturgos de aquel inigualable siglo de oro.

De su obra, él mismo nos informa que supera las cien comedias, los ochenta autos sacramentales y contiene muchas otras obras menores de naturaleza poética. Respecto a dicho legado, es de interés que, al igual que ocurriera con nuestro reconocido Luis de Góngora, la vida artística de Calderón de la Barca también muestra dos etapas bien diferenciadas. En la primera, trabaja con las obras del prolífico Lope de Vega, refundiéndolas y reorganizando los elementos del barroco a fin de hacer un teatro más funcional y menos lírico. De esta época son las tramas históricas como “El alcalde de Zalamea”, los temas centrados en el honor y los celos, como “El médico de su honra”, o las obras de capa y espada como “La dama duende”. Ya en su segunda etapa, el autor pasa a dotar a su composiciones de una mayor espiritualidad y simbolismo, que introducen a sus creaciones dentro del “culteranismo” al igual que sucediera con las postreras rimas de Góngora. Aquí es donde encontramos sus autos sacramentales como “El gran teatro del mundo”, los temas fantásticos como “La estatua de Prometeo” y sin duda los que abordan argumentaciones profundamente filosóficas como la tan conocida “La vida es sueño”.

Hoy, cuando se cumplen 316 años de su muerte, no podemos menos que rendir tributo a la diestra pluma de aquel magistral genio. Pluma que grabara en la historia de nuestra cultura aquellos profundos versos en boca del desgarrador Segismundo:

“¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.”

 

Más información | Proyecto Cervantes Virtual

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