El asesino tímido, Clara Usón

Clara Usón investiga la misteriosa forma en que murió una actriz pornográgica. ¿Hasta qué punto lleva la codicia

Un relato de investigación fascinante de Clara Usón

La literatura posee una historia que es una prolongada circulación a unas cuantas tramas primordiales. Sin embargo, los cambios técnicos y sociales que contribuye la novela dan intrigas nuevas. El desafío está en darles una enunciación como nunca antes visto.

Clara Usón lo hace en su novela El asesino tímido, en donde profundiza en un inconveniente inmensamente tratado, el declive a las tiniebla de un alma con grandes aprietos íntimos.

Aunque en vez de emprender la investigación de manera tradicional, la asalta con valiosa distinción y con audacia juiciosa grandiosa, virtudes destacados de la obra.

Narración autobiográfica con tintes novelescos

Para investigar y discernir en los círculos más desolados de la conciencia, Usón toma como motivación preliminar un perspicaz recuerdo de la niñez, el misterioso fallecimiento  de una actriz de cine porno, Sandra Mozarovski.

Trabaja en esos lapsos del desarrope con una extensa labor hemerográfica, iguala su acontecimiento con la de la supuesta suicida e instaura una similitud entre las dos, ambas enérgicas para tomar el futuro por las riendas y ambas en la vía de la autodestrucción.

En el caso de la actriz, esta pagó el precio más costoso por su codicia y Usón rememora desde la actualidad el espinoso camino de la estabilidad, después de superar las drogas y vislumbrar lo que conlleva a la nada.

Línea anecdótica que se entrelaza con otras

En la obra también está presente la relación madre e hija, la desobediencia juvenil ante  las exigencias de los mayores para alcanzar la libertad fantástica y la educación mujeril en los estereotipos de género.

No se aproximan a un cuento intimista debido a que también se incrustan en una exhibición agrupada  del retrato generacional, principalmente femenino, del desarrollo que alcanzó a la madurez en el crepúsculo del mando franquista.

Usón posee una visión desengañada que no es nueva. Su forma de enfrentar los elementos sí brinda la huella de una narradora con un acentuado genio.

La explicación apadrina el estilo de un rompecabezas que brinca espontáneamente de la actriz porno a la autora, y así sucesivamente.

El punto de vista de la escritora se disuelve entre los demás protagonistas. La intriga se enmaraña en anotaciones y observaciones de Camus o Wittgenstein.

Dando como resultado un intencional revoltijo sociológico, psicológico y ensayístico que la misma Usón argumenta como una negación a la novela inherente, a la que confronta la escritura desanudada cervantesca, y una jugada por la anarquía.

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