El famoso Onetti

Consideraciones acerca de Juan Carlos Onetti, la fama, el reconocimiento, y de forma implícita el artículo trata el tema del ego de los artistas.

¿Qué sentido tiene hablar del mejor escritor uruguayo, el más importante, el más grande? En el arte eso no cuenta, o sí?

onettik.JPGDe todos modos, habría que decir que tomar como referencia a Uruguay, un país de tres millones de habitantes y 200 años de historia no es decir mucho. (Hace poco en leergratis.com se le dedicó a Onetti un artículo pero creo que el autor de El Pozo se merece eso y mucho(s) más (artículos)). En cambio, decir que Onetti sólo es comparable a Borges (o dice versa) sería más acertado para trasmitir la idea que quiero trasmitir.

Pero pensemos cuál podría ser un rótulo adecuado para describir a ambos artistas? El escritor más importante del Río de la Plata? Uno de los mayores escritores del siglo XX? Uno de los mayores escritores de todos los tiempos? (A Borges ese título le sienta mejor, tal vez porque ya en su obra aparece la imagen de El Sabio, y cuando la gente empieza a confundir a Cervantes con un loco que se creía caballero andante o a Shakespeare con un príncipe pálido, es porque el escritor ha hecho las cosas bien). En el caso de Onetti la imagen que se dibuja, la que proyecta su obra, es otra: la del hombre hosco, amigo de la noche, el alcohol y las mujeres jóvenes. Si repasamos su vida, nos damos cuenta que la mayor parte de ella la vivió como un hombre común y corriente (no lo era?).


Hasta casi el final vivió en el anonimato. Me refiero a que había pasado largo tiempo desde la publicación de La vida breve y seguía levantándose todas las mañanas para ir a trabajar (¿ por qué no debería hacerlo? (ése es el tema de este artículo)) e intercambiando comentarios insulsos con personas (compañeros, jefes, etc.) que ni siquiera sospechaban quién era (¿quién era?).
Casi toda su vida vivió de esa manera, por no hablar de los años de juventud, en los que nadie sabía qué se escondía (?) tras los lentes de ese joven alto y lánguido.

En la década del sesenta las cosas cambiaron: para un reducido número de personas (muchachos relativamente jóvenes) que lo leían asombrados, y que a veces compartían con él tertulias en los bares y noches en la redacción de algunos diarios, Onetti comenzó a ser una figura de culto, a quién apodaban El Viejo.
Luego vino la cárcel, el exilio… y unos años después el reconocimiento con el premio Cervantes. (De qué vale que algo llegue cuando ya no importa??? (estamos hablando de un reconocimiento y una fama muy restringida, restringida a un cierto grupo de lectores, estudiosos, de cierto tipo de literatura)).
El reconocimiento le llegó a él que se peleaba con la premios y la fama, que renegó tanto de ellos… tanto que a uno se le viene a la cabeza aquel dicho: “como no puedo, me hago el que no quiero”. No creo que a un Onetti de 40 años le hubiera molestado recibir reconocimiento y admiración. Como tampoco creo que escribiera pensando en ello. El reconocimiento era como una consecuencia lógica de su trabajo (su destino), pero que podía suceder o no.
(El tema de para qué se escribe o para quién se escribe y por qué se escribe, fue abordado por Onetti en múltiples y memorables artículos periodísticos y entrevistas.)
Me lo puedo imaginar como mozo o portero o en tantos otros oficios que desempeñó para sobrevivir; soportando todo lo que tiene que soportar un trabajador (no es que él no debiera soportarlo, es que nadie tendría que soportar eso): joven, fuerte y desinteresado, pensando en la imposibilidad de comunicarse con los demás, de decirles quién era, de lo que era capaz, sin que las muchachas entendieran lo que les podía ofrecer. Muchachas que años después, convertidas en abominables señoras, al pasar por una librería y ver su foto lo recordaron y las piezas giraron para que los hechos (envases vacíos) dieran otra media vuelta de tuerca.
Pero tampoco podemos estar seguros que esa sea la realidad. Onetti era un gran escritor, pero para esas muchachas que no les importaba en absoluto la literatura (que es una forma de ver el mundo, de entenderlo todo) eso no significaba nada. Entonces, si no significa nada, no es nada (?).

onetti-7.JPGEl punto, el asunto de éstas líneas es qué era Onetti? por ejemplo un gran escritor que vivió una vida ordinaria? Qué quiere decir que alguien es un gran artista? que escribe maravillosamente bien? Qué importa eso si el noventa y nueve por ciento del mundo lo ignora (mira televisión o navega por internet). Si el treinta por ciento lo desprecia (siempre hay alguien dispuesto a ejercer orgullosamente su estupidez (y quién puede decir que eso está mal?)).
El absoluto relativismo del arte es un carga con la que tiene que caminar. Siempre habrá alguien dispuesto a decir: “…sobre gustos no hay nada escrito. A vos te puede gustar mucho un escritor pero a mí no”. Y decirlo convencido de que ha descubierto la pólvora.
A estas alturas (del artículo) me viene a la mente aquella metáfora de Sábato en que vivir consistía en andar por túneles, al lado de mucha gente, pero cada uno en un túnel diferente con escasas posibilidades de comunicación.
Pero la metáfora que me gustaría usar sería la de la raza o especie de animales (o tal vez la de la manada) donde cada uno vive en un grupo de referencia, se mueve dentro (o fuera) de un grupo de iguales, pero fuera de él no es nada ni nadie.
Imagínense la vida de un lobo (o un perro) que tuviera que vivir entre víboras, babosas, cerdos y gusanos.

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