Fallece Moebius

El 10 de marzo pasado moría Moebius y, con él, su alter ego también magistral, Jean Giraud, responsable gráfico de las aventuras del teniente Blueberry. No sólo todo aficionado a los cómics estaba de luto, porque también moría uno de los mayores inspiradores de la nueva y asombrosa fantasía en el mundo del cine.

Jean Giraud, Moebius, tenía una filmografía respetable, pero también hay una carrera más difícil de evaluar: la de la influencia directa (pero no siempre confiesa) de sus obras. Algunos de sus más grandes compañeros de la generación, tuvieron una época formada en la lectura de historietas europeas para adultos en un momento en que el desarrollo de la industria de los efectos especiales posibilitaba hacer con la imagen en movimiento lo que aquellos revolucionarios-Moebius, Druillet, y tantos otros-proponían dentro de los límites de la viñeta. Un ejemplo es cuando todo el mundo celebraba la idea de Terry Gilliam de convertir los rascacielos en barcos corsarios en El sentido de la vida, muchos lectores recordaban que había forjado esa imagen poética mucho antes en una de sus colaboraciones con Metal Hurlant.

Moebius estuvo a punto de debutar como diseñador de producción y autor de storyboard en un proyecto importante: la ambiciosa adaptación del Dune de Frank Herbert que planeaba Alejandro Jodorowsky y en la que habría podido aparecer Salvador Dalí haciendo de emperador galáctico. Finalmente, fue David Lynch quien dirigió Dune y Ridley Scott quien pudo presumir de haber reclutado por primera vez ilustradores y historietistas europeos a la hora de articular la textura visual de su pionera Alien, donde Moebius diseñaría unos trajes de astronauta en el punto entre la memoria de Julio Verne y la estética del Kurosawa más radical.

En 1982, el trazo libre y flexible de Moebius cobró vida en Los dueños del tiempo, de René Laloux -un cineasta con suficiente conocimiento de causa para fijarse también en la obra gráfica de Roland Topor y para otros proyectos de animación-, pero lo que adoptó la condición de auténtico hito fue su participación en la primera película de síntesis: el Trono, de Steven Lisberger, donde el autor hizo los diseños tecnológicos de otro gigante-Syd Mead-con el componente místico, etéreo y líquido que, más tarde, continuaría desarrollando en Abyss de James Cameron.

Mientras preparaba el proyecto de Dune de Jodorowsky, Moebius había hecho amistad con un tipo que también desempeñó un papel clave en el cine fantástico de aquellos tiempos, el guionista Dan O’Bannon, que acababa de escribir el fantástico Dark Star, de John Carpenter, y que acabaría firmando clásicos como Alien y Muertos y enterrados.

Juntos hicieron una historieta inolvidable: The long tomorrow, una mezcla de ciencia-ficción y serie negra en clave hardboiled que hizo volar la imaginación de Scott en Blade runner, y de William Gibson en Neuromante, y que Luc Besson va a utilizar, contando con diseños de Moebius, en El quinto elemento. E l momento actual del cine fantástico debe a Jean Giraud quizás lo más importante: una mina de descubrimientos asombrosos que aún no se ha agotado.

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