Fallece Terry Pratchett: la fantasía está de luto

El escritor británico, famoso por su extensa y peculiar serie ‘Mundodisco’, murió ayer a los 66 años tras una larga enfermedad.

Pratchett

La literatura británica cuenta con una larga y valiosa tradición de narrativa fantástica que en el siglo XX presenta varios hitos. Entre éstos, sin duda hay que destacar ‘El Señor de los Anillos’ y sus relatos complementarios de John Ronald Reuel Tolkien, las ‘Crónicas de Narnia’ de Clive Staples Lewis y, más recientemente, la saga de ‘Harry Potter’ de Joanne K. Rowling. Y, como puente entre los dos primeros y ésta última, la serie de ‘Mundodisco’ obra de Terry Pratchett, cuya muerte conocíamos la semana pasada.

No en balde, cuenta con una ingente cantidad de seguidores (se han vendido 85 millones de ejemplares) que convirtieron a su autor en una especie de leyenda. Nacido en Beaconsfield el 28 de abril de 1948, Pratchett ejerció el periodismo y las relaciones públicas antes de consagrase a la Literatura.

Su gran creación -como decíamos- es Mundodisco (capital Ankh-Morpork), un lugar fantástico sustentado por cuatro elefantes que a su vez se hallan sobre el enorme caparazón de la tortuga «Gran A’Tuin» y en el cual predomina la magía y lo alucinante. Por él circulan personajes como la propia Muerte y otros menos serios como Rincewind, un hechicero bastante incapaz. La primera novela de la serie fue ‘El color de la magia’, publicada en 1983 y donde el inepto brujo que acabamos de citar sirve de guía para Dosflores, un inocente primer turista que llega a Mundodisco. Tras ella, vendrían títulos como ‘La luz fantástica’, ‘Mort’, ‘El segador’, ‘Dioses menores’, ‘Los pequeños hombres libres’ o ‘Snuff’, hasta completar una saga que se organiza por arcos argumentales o grupos de libros protagonizados por diferentes personajes.

Con todo, quizá el mejor acierto de Pratchett haya sido dotar a su universo fantástico de humor. Porque Mundodisco es un lugar un tanto estrafalario. No en balde, está poblado por dioses que dependen del número de creyentes que poseen, guerreros poco dotados para la lucha, los ya mencionados magos totalmente inútiles o filósofos absolutamente tontos. Quizá en sus escasas cualidades influyan las extrañas leyes físicas que rigen en el invento. En suma, podríamos decir que en Mundodisco rige el más genuino humor británico, absurdo donde los haya.

No fue esta serie la única creación de Pratchett. También hay que citar, por ejemplo, la saga del ‘Éxodo de los gnomos’, que inició con ‘Camioneros’, donde una comunidad de seres diminutos llegados de otro planeta se instalan en una furgoneta de unos almacenes debido a que el ambiente rural en que vivían amenzaba su existencia. En definitiva, era el escritor británico tan peculiar como su creación literaria: casi siempre tocado con un sombrero y portador de una blanca barba, él mismo parecía sacado del mundo de la magia. Sin duda, ayer murió uno de los grandes de la fantasía con mayúsculas tiñéndola de luto. Descanse en paz.

Vía: ‘La Concha de Gran A’Tuin’.

Foto: Robin Zebrowski.

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