Fallece William McIlvanney, fundador del Tartan noir

La primera gran figura del género negro escocés con su trilogía protagonizada por Jack Laidlaw murió el pasado sábado.

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En el mundo de la Literatura, se conoce como “Tartan noir” a la novela policíaca que se escribe en Escocia, fuertemente influida por la Norteamericana en cuanto a su realismo y dureza. Entre sus cultivadores, hoy es imprescindible citar a Val McDermid, Allan Guthrie, Manda Scott, Louise Welsh, Craig Russell y, el más famoso de todos, Ian Rankin, creador del inspector John Rebus, conocido en todo el mundo.

Pero el auténtico creador del “Tartan Noir” fue William McIlvanney, fallecido el pasado cinco de diciembre a los 79 años de edad y cuya serie protagonizada por el detective Jack Laidlaw puede considerarse hito inaugural de la narrativa policíaca escocesa contemporánea.

Nacido en Kilmarnok el 25 de noviembre de 1936, estudió en la Universidad de Glasgow y trabajo como profesor de inglés durante varios años. Como buen escocés, era amante del whisky y también de la poesía, cuyo cultivo le servía para mejorar su manejo de las palabras. Su primera novela ya fue un éxito. Se titulaba ‘Remedy is none’ y obtuvo el Geoffrey Fabel Memorial Prize. Pero -como decíamos- la saga que le daría fama internacional sería la compuesta por ‘Laidlaw’, ‘Los papeles de Tony Veitch’ y ‘Extrañas lealtades’, todas ellas protagonizadas por el detective antes citado. Violento que odia la violencia, lector de maestros de la Filosofía como Kierkegaard o nuestro Miguel de Unamuno y presa de remordimientos, Jack Laidlaw ha sido un modelo para otros autores de narrativa policíaca.

En una entrevista concedida a Juan Carlos Galindo, McIlvanney le confesaba los planes que tenía para su personaje “de cabecera”. Éstos pasaban por escribir otras dos novelas protagonizadas por él: una sobre la juventud de Laidlaw y otra que pusiera punto y final a la saga. Lo que no tenía aún claro es si su héroe moriría en ella o, simplemente, quedaría por completo desilusionado con la vida.

Un poco más frívola era otra de las confesiones que McIlvanney hacía a Galindo: veía con buenos ojos que Sean Connery interpretase a Laidlaw en el cine (de la entrevista ya hace unos años). Por cierto, tenía experiencia en cuanto a que sus obras fueran llevadas a la gran pantalla. Lo fue su novela ‘El grande’, sobre un boxeador amateur que, tras el cierre de las industrias en la zona donde vive, se las ingenia para mantener a sus hijos sin plegarse a las mafias de su deporte. Aquel papel lo interpretó otro gran actor: Liam Neeson. En cualquier caso, pocos pueden presumir como McIlvanney de haber creado un subgénero narrativo. Descanse en paz.

Vía: ‘Elemental’.

Foto: Non Sense Ferret.

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