Garcilaso de la Vega, entre la pluma y la espada

Encarnación del cortesano renacentista e introductor de las forma italianas en la lírica española, el poeta toledano murió el 14 de octubre de 1536.

garcilaso

Se cumplen hoy, 14 de octubre, 480 años desde la muerte de Garcilaso de la Vega, seguramente el español que mejor encarnó el ideal renacentista del caballero: un soldado en la guerra y un hombre ilustrado amigo de la poesía y el Arte en general durante la paz. No sólo eso, sino que además fue el introductor -junto a su amigo Juan Boscan- de los metros italianos en nuestra lírica a imitación de lo que allí habían cultivado Francesco Petrarca y Dante Alighieri.

Nació Garcilaso en Toledo en fecha no bien determinada pero hacia 1498. Su familia pertenecía a la aristocracia castellana y ello permitió al futuro poeta sumarse a la corte de Carlos I. Para él, desarrolló una extensa carrera militar y visitó varias veces Italia. Precisamente, herido en la toma de la fortaleza de Le Muy, murió pocos días después.

No obstante, lo que aquí nos interesa es la labor poética de Garcilaso. Respecto a ella, hay una fecha clave: 1526, cuando se produjo, en presencia de Juan Boscán, su encuentro con el embajador veneciano Andrea Navagero en Granada. Fue éste quién les animó a introducir en la lírica española los metros usados en Italia y estrofas como el soneto. La decisión de hacerlo se vio confirmada en nuestro poeta durante una estancia en el país transalpino pocos años después. Allí se vio influido además por autores como Jacopo Sannazaro, autor de la bucólica ‘La Arcadia’, donde aparecía ese mundo idealizado de pastores enamorados que tanto veremos en el toledano.

Hasta la citada reunión en Granada, Garcilaso había cultivado la lírica cancioneril que dominaba entre los poetas españoles. Dentro de ella había una vertiente popular y otra culta. Sería ésta última, ya de influencia italiana, la escrita por nuestro poeta, especialmente con temática amorosa. En este sentido, no puede olvidarse que Garcilaso -como todo poeta que se precie- tuvo una gran musa: Isabel Freire, dama portuguesa que integraba el séquito de la esposa de Carlos I y mujer casada (también él lo estaba, con Elena de Zúñiga). Bien es cierto que, de acuerdo al neoplatonismo renacentista, estas relaciones entre autores y musas casi nunca pasaban del ideal.

Prácticamente toda la crítica coincide en que Freire es la Elisa que aparece en las églogas del toledano transmutada en pastora. Estas composiciones pertenecen ya a la segunda etapa creativa del poeta, durante la cual escribió también extraordinarios sonetos entre los que se cuentan algunos de los mejores de la lírica española. En definitiva, fue Garcilaso de la Vega -decíamos- un hombre del Renacimiento que encarnaba como pocos el ideal del caballero que reflejara Baltasar de Castiglione en ‘El cortesano’: a un tiempo guerrero y poeta. Así mismo, su importancia en la poesía castellana fue esencial. Y ello no sólo por su valía literaria sino y sobre todo, porque introdujo las formas italianas en nuestro país modernizando nuestra lírica.

Vía: Web dedicada a Garcilaso.

Foto: Daderot en Wikimedia.

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