Imprescindibles de la narrativa de terror

Clásicos del género que han contribuido a su inicio y desarrollo, como el ‘Frankenstein’ de Mary Shelley o el ‘Drácula’ de Bram Stoker.

Frankenstein

La novela de terror surge con el Romanticismo, a finales del siglo XVIII. Éste reacciona contra la racionalidad impuesta por los neoclásicos y, con su gusto por la Historia, vuelve los ojos hacia las leyendas y tradiciones antiguas de cada pueblo. Por tanto, el irracionalismo y lo legendario se encuentran en su base. Es entonces cuando surge la llamada narrativa gótica, por ambientar el miedo en escenarios medievales, verdadera precursora del relato de terror.

Desde entonces, el género ha evolucionado mucho pero hay una serie de autores y obras que todo aficionado al género debería leer porque, a pesar de su veteranía, no han perdido actualidad y en ellos se encuentra en forma embrionaria todo lo que otros novelistas han desarrollado más tarde. Sería muy largo enumerarlos a todos por lo que mencionaremos tan sólo algunos de los más importantes.

Por seguir un orden cronológico, nos referiremos en primer lugar a ‘Frankenstein o el moderno Prometeo’, de la inglesa Mary Wollstonecraft Shelley (Londres, 1797-1851), publicado en 1818. Cuenta la historia de Víctor Frankenstein, un estudiante de Medicina obsesionado por crear vida. Mediante la unión de diversas partes de cadáveres y valiéndose de descargas eléctricas, consigue animar a una criatura monstruosa. No es difícil apreciar, tras este argumento, una crítica al poder de la ciencia cuando se utiliza al margen de la ética. Precisamente en la misma reunión en la que Shelley escribió este relato y en la que también estaba presente Lord Byron, el secretario de éste último, John William Polidori, creó la que se considera primera historia protagonizada por una criatura que se alimenta de sangre titulada justamente ‘El vampiro’, citada aquí más por su valor documental que por su calidad literaria.

transilvania

Tras Mary Shelley, es inevitable citar a uno de los grandes genios de la narrativa de terror: el norteamericano Edgar Allan Poe (Boston, 1809-1849). Cualquiera de sus cuentos de este género son extraordinarios pero algunos como ‘El gato negro’, ‘Ligeia’, ‘La caída de la casa Usher’ o ‘El corazón delator’ son realmente magistrales. Y es que, quizá, el mayor mérito de Poe reside en saber crear miedo, más que con sucesos sobrenaturales, a través de atmósferas asfixiantes y de los propios procesos mentales de sus personajes.

Siguiendo con el orden cronológico, en 1872 apareció publicado ‘Carmilla’, de Joseph Thomas Sheridan Le Fanu (Dublín, 1814-1873), un excelente relato en el que, por vez primera, aparece una mujer vampiro. En ésta y en la anteriormente citada historia de Polidori, se basó en buena medida el también irlandés Abraham Stoker (Clontarf, 1847-1912) para crear otro de los hitos del género de terror: ‘Drácula’, novela publicada en 1897. Innecesario es hablar de su argumento, baste decir que la historia del conde transilvano se ha convertido en una de las obras más populares de la Literatura Universal.

Anterior a ésta y muy diferente es, no obstante, ‘El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde’, publicada en 1886 por Robert Louis Stevenson (Edimburgo, 1850-1894). Y decimos que es distinta porque en ésta hallamos de nuevo una reflexión sobre los efectos de la ciencia cuando se utiliza al margen de consideraciones éticas. En este caso, no se trata del investigador que crea una vida monstruosa, como en ‘Frankenstein’, sino del científico capaz de experimentar consigo mismo, lo cual le convierte en un ser terrible. Se trata de una novela rica que también, en un sentido más profundo, medita sobre el Bien y el Mal. Por último, hablaremos del norteamericano Howard Phillips Lovecraft (Providence, 1890-1937), genial creador de todo un mundo horrible ?el de Cthulhu– que vive entre nosotros y cuyo origen se halla a medio camino entre las divinidades paganas y los seres extraterrestres. En fin, podríamos mencionar otros muchos maestros más actuales como William Meter Blatty, Ira Levin o Stephen King, pero los citados añaden, a su calidad literaria, un sabor añejo que los hace, si cabe, más “misteriosos”.

Fuente: Cyberdark.

Fotos: Diego Torres Silvestre y Lisa Cyr.

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