José Luis Sampedro, de la Economía al Humanismo

El veterano escritor murió el pasado día ocho en su casa madrileña a los noventa y seis años. En los últimos tiempos, se había convertido en un referente intelectual por su defensa de una economía más humana.

Imagen de José Luis Sampedro
El pasado día ocho falleció en su casa madrileña José Luis Sampedro a los noventa y seis años de edad. Respetando su deseo, la noticia no fue dada a conocer por su viuda, Olga Lucas, hasta ayer porque quería «irse de manera sencilla y sin publicidad». Según ella, que se casó con el escritor en 2003, vivir junto a él ha sido «vivir al lado de una nube de cariño. Ha sido un privilegio estar a su lado».

José Luis Sampedro nació en Barcelona el uno de febrero de 1917. Durante la Guerra Civil, combatió en un batallón anarquista y, posteriormente, en las tropas de Franco. Tras el conflicto, terminó sus estudios de Economía. En 1955, accedió a la Cátedra de Estructura Económica de la Universidad Complutense, iniciando una carrera docente que nunca abandonaría hasta su jubilación. Al tiempo, desarrollaba una importante trayectoria en el Banco de España, del que llegó a ser Subdirector.

Alejado de los fríos números con que suele identificarse esta disciplina, Sampedro defendió siempre una economía «más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos». De hecho, no hace tanto se convirtió, junto al francés Stéphane Hessel, a quién prologó ‘Indignaos’, en el intelectual «de cabecera» de los movimientos constituidos para protestar ante la crisis económica. Sin embargo, siempre manifestó que éstas corrientes eran espontáneas y que tanto el galo como él se habían limitado a apoyarlas. En 2010, el Gobierno español le otorgó la Orden de las Artes y las Letras por «su sobresaliente trayectoria literaria y por su pensamiento comprometido con los problemas de su tiempo». Además, fue nombrado Doctor Honoris Causa por diversas universidades y era miembro de la Real Academia de la Lengua.

Aunque su labor literaria se inició pronto (en 1939 ya había escrito ‘La estatua de Adolfo Espejo’), se dio a conocer en el mundo editorial tardíamente. Su primera publicación fue ‘Congreso en Estocolmo’ en 1952, que narra la peripecia sentimental de un catedrático de instituto soriano en la capital sueca, a la que ha acudido para participar en un simposio.

Imagen de la fachada de la Complutense

Tras este relato aparecieron ‘El río que nos lleva’, donde cuenta la peripecia de los gancheros, encargados de transportar a través del río Tajo los grandes troncos de pino hasta Aranjuez; la sátira ‘El caballo desnudo’ y ‘Octubre, octubre’, protagonizada por dos seres que buscan su identidad. Pero el reconocimiento le llegaría con ‘La sonrisa etrusca’, que narra la historia de Salvatore Roncone, un duro campesino siciliano que se ve obligado a trasladarse a Milán con su hijo y su nuera para tratarse de una grave enfermedad. El choque entre ambos mundos queda mitigado para él por la relación con su nieto Bruno, de trece meses, al que vierte toda su ternura.

Al género histórico, bien es cierto que a dos épocas muy distantes, pertenecen ‘La vieja sirena’, que nos lleva a la Alejandría del siglo III después de Cristo, y ‘Real Sitio’, ambientada en el Aranjuez de los años treinta, recién instaurada la Segunda República. Finalmente, entre sus últimas novelas destaca ‘El amante lesbiano’, que reflexiona acerca de la identidad sexual y ‘La senda del drago’, un onírico relato cuyo trasfondo es la crítica a la moderna sociedad capitalista. Al tiempo que desarrollaba esta labor narrativa, Sampedro continuó escribiendo ensayos sobre temas económicos y, fundamentalmente, textos en los que exponía su ideario de un sistema más justo como ‘Economía humanista. Algo más que cifras’. Incluso nos ha legado una suerte de autobiografía realizada en colaboración con su esposa: ‘Escribir es vivir’. Fue, en suma, José Luis Sampedro un hombre lúcido cuyas tesis mantenían a raya, en la medida de lo posible, los excesos del mercantilismo a ultranza que nos ha traído hasta esta situación. Descanse en paz.

Fuente: Club Cultura.

Fotos: Ébola y M. Peinado.

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