José Zorrilla, un romántico fuera de época

El vallisoletano, quien inició su andadura literaria en los años 30 del siglo XIX y al que debemos el ‘Don Juan Tenorio’, nació el 21 de febrero de 1817 y su obra recorrió toda aquella centuria.

zorrilla

El siglo XIX español nos brindó magníficos poetas. Seguramente, los más destacados de la centuria fueron Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro, ya en la segunda mitad de aquella. Pero también hay que mencionar a Manuel José Quintana, en una línea todavía ilustrada; a José de Espronceda, personificación del Romanticismo más exaltado, y también, a su modo más prosaico que el anterior, a Ramón de Campoamor, quien tuvo mucho éxito en su tiempo aunque hoy ha caído en cierto ostracismo.

Pero si hay un autor que recorre todo el siglo XIX tomando los últimos momentos del Romanticismo y llegando hasta casi fines de la centuria es José Zorrilla y Moral (Valladolid, 1817-1893), quien además probablemente sea el más popular de todos ellos gracias a su ‘Don Juan Tenorio’ y de cuyo nacimiento se cumplieron el pasado 21 de febrero 200 años.

De hecho, el joven poeta se dio a conocer leyendo unos versos que había escrito para la ocasión en el multitudinario entierro de Mariano José de Larra. Al parecer, el poema del vallisoletano emocionó a los presentes y le granjeó cierto nombre literario. Gracias a ello, empezó a colaborar en periódicos como ‘El Español’ y estrenó un drama, ‘Juan Dándolo’, creado junto a Antonio García Gutiérrez, entonces ya un autor muy popular. Pero el año de su consagración fue 1840, cuando publicó sus ‘Cantos del trovador’ y estrenó las piezas teatrales ‘Más vale llegar a tiempo’, ‘Vivir loco y morir más’ y ‘Cada cual con su razón’.

Comenzaba así el periodo más fructífero de Zorrilla. Poco después, firmó un contrato exclusivo con el empresario del Teatro de la Cruz, donde llevaría a las tablas 22 dramas durante 5 años. Entre ellos, su archifamoso ‘Don Juan Tenorio’, estrenado el 28 de marzo de 1844, con el prestigioso actor Carlos Latorre interpretando al cínico personaje. Una obra destinada a convertirse en una de las más populares de la Historia del Teatro Español.

Bien es cierto que la invención del taimado galán no se debió a Zorrilla sino a Tirso de Molina, quien escribió ‘El burlador de Sevilla’ a principios del siglo XVII (aunque algunos estudiosos discuten tal autoría). En cualquier caso, ni siquiera éste habría creado al personaje sino que lo habría tomado del romancero medieval. Anteriores a la versión del poeta vallisoletano son también otras piezas que tratan sobre el impío burlador. Así, el ‘Don Juan’ de Molière, ‘No hay plazo que no se cumpla’ de Antonio de Zamora o el propio ‘Don Juan’ de Lord Byron.

Como quiera que fuese, ha sido el Don Juan de Zorrilla el que ha alcanzado fama y ha venido representándose con regularidad desde la época de su estreno. Casi innecesario resulta por ello hablar del argumento de la obra. No obstante, diremos que la acción transcurre en la ciudad de Sevilla y en 1545. Tenorio es un bohemio que lleva una vida disipada de bebida, juego, amoríos fugaces y lances de espada.

Por una apuesta, seduce a doña Inés, joven novicia de familia adinerada. La rapta del convento donde está y, cuando el padre de la joven, acompañado por don José Mejía (otro burlado), le visita para pedirle cuentas, el protagonista responde solicitando la mano de la mujer. Don Gonzalo (así se llama el progenitor) se niega rotundamente e intenta matar a don Juan pero es éste quien da muerte a ambos visitantes.

Por ello, escapa a Italia abandonando a Inés, quien a su vez muere de pena. Años más tarde, el seductor regresa a Sevilla para encontrarse con los sepulcros de sus víctimas y también el de doña Inés. Aún tiene valor para desafiar al espíritu de don Gonzalo y lo que sucede después tiene carácter sobrenatural. En fin, la obra abunda en elementos románticos: preeminencia del sentimiento sobre la Razón, amores que acaban trágicamente, intervención de lo sobrehumano, escenarios como cementerios y ambientación nocturna.

Aunque sí la de más éxito, no sería el ‘Don Juan Tenorio’ la última obra de Zorrilla. Después de vivir en París, Londres y, sobre todo, en México donde tuvo el mecenazgo del fugaz Emperador Maximiliano I, regresó a España en 1866. En nuestro país se le colmó de honores –incluso fue solemnemente coronado “poeta nacional” pero nada de ello le sacó de sus apreturas económicas.

Obras de esta última época son ‘La leyenda del Cid’, ‘El cantar del romero’ y numerosas poesías. Pero quizá lo más destacado de ella sean sus ‘Recuerdos del tiempo viejo’, libro autobiográfico de gran valor para saber más sobre la vida y la obra del vallisoletano. En cualquier caso, Zorrilla escribió lo mejor de su producción antes de 1850. Más aún su estilo no evolucionó y siempre se mantuvo fiel a la estética de aquel tiempo. Por eso, puede decirse con propiedad que fue un romántico fuera de época.

Vía: Real Academia Española de la Lengua.

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