A los veinte años de la muerte de Juan Benet

Novelista extraordinariamente original, creó un territorio mítico al que bautizó como “Región” y que tiene indudables resonancias del Yoknapatawpha faulkneriano (uno de sus maestros) y del Macondo de García Márquez.

San Sebastián

Una vista de San Sebastián, donde Benet pasó la Guerra Civil

Algunos novelistas son difícilmente clasificables dentro de las corrientes literarias dominantes en la época en que escriben. Podría decirse que van por libre, ajenos a las pautas de las modas narrativas. A veces, esto ocurre porque se han quedado anquilosados en el pasado pero otras –las más meritorias- se debe a una absoluta originalidad. Éste es el caso de Juan Benet Goitia(Madrid, 1927-1993), de cuya muerte se cumplieron el pasado cinco de enero veinte años.

Porque en un tiempo en que dominaba el llamado realismo social, aquella tendencia que, con la excusa de la denuncia política, tanto rebajó la calidad literaria, Benet prefirió sumergirse en un mundo simbólico creado por él mismo. Nació así Región, lugar mítico al modo del Macondo de García Márquez o el condado de Yoknapatawpha de William Faulkner, cuya descripción podría resumirse así: “Una sierra al fondo, una carretera tortuosa y un monte bajo en primer plano”.

Perteneciente a una familia acomodada, Benet pasó la Guerra Civil en San Sebastián tras haber sido fusilado su padre en zona republicana. De regreso a Madrid, estudió Ingeniería de Caminos, profesión que ejercería toda su vida, compaginándola con la literatura. Precisamente, confesó en una ocasión que había comenzado a escribir para entretener las largas horas de soledad en los parajes donde dirigía obras. Desde esos inicios, su ritual para atraer a las musas fue siempre el mismo: un vaso de whisky, el humo del tabaco y paseos por la habitación. Pero, probablemente el catalizador de su vocación fue el hallazgo de los textos del citado Faulkner, al que consideraba su gran maestro (de ‘Santuario’ llegó a comprar unos cien ejemplares para regalar a sus amigos).

Curiosamente, este gran novelista se inició en la literatura con una obra teatral titulada ‘Max’. En cuanto a la narrativa, su primer libro fue ‘Nunca llegarás a nada’, un volumen de relatos breves y, unos años después, ‘Volverás a Región’, en la que inaugura su territorio mítico. No es fácil sintetizar el argumento de esta novela si es que realmente lo posee en sentido tradicional.

Embalse Juan Benet

Presa de Porma, bautizada como Embalse Juan Benet, por haber sido diseñada por éste

Podríamos decir que una mujer retorna a los montes de Región y allí se entrevista con el doctor Daniel Sebastián. En sus diálogos o más bien largos monólogos, descubrimos el drama que se vivió en la zona durante la Guerra Civil y que no es sino una trasposición simbólica de lo que sucedió en toda España. Tras ella, vendría ‘Una meditación’, que incide en el mismo tema aunque de forma más superficial pero destaca por sus audacias técnicas: valga como ejemplo que está escrita sin un solo punto y aparte. Y es que la tragedia española siempre ha estado presente en su obra: tras algún que otro libro, apareció su serie titulada ‘Herrumbrosas lanzas’, una obra ingente que recorre la historia de la familia Mazón desde fines del siglo XIX hasta el inicio del conflicto y que también se sitúa en la sempiterna Región, a la que Benet regresaba una y otra vez a lo largo de toda su creación.

También aparece en ‘Saúl ante Samuel’, en la que –según confesión propia- quedó extenuado por el trabajo de condensación de personajes y situaciones que hubo de realizar para dejar espacio a lo que de verdad quería narrar: su propia experiencia. Tan sólo se permitió Benet una concesión a la literatura más comercial. Fue con ‘El aire de un crimen’, una novela policíaca que escribió en un mes y que resultó finalista del Premio Planeta en 1980. Con ella, pretendía dar respuesta a los críticos que lo tildaban de autor difícil e incapaz de escribir un libro que tuviese éxito de público. Y es que, efectivamente, su obra requiere un esfuerzo de comprensión por parte del lector. Desde luego, no era un autor fácil pero si extraordinariamente original.

Fuente: ‘Revista de Letras’.

Fotos: Simonetta Di Zanutto y Julikeishon.

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