La obra póstuma de Saramago

La obra trata sobre industria del armamamento y tráfico de armas.

Cuando hace poco más de un año se anunciaba la muerte del Premio Nobel de Literatura, José Saramago, el mundo se conmovió. No sólo sus fanáticos, lectores ocasionales o colegas. El mundo entero se vistió de luto para despedir a un escritor único que había sido capaz de enaltecer a la literatura desde una cuna muy humilde y sin educación hasta llegar a ser reconocido como un grande de las letras.

Hoy nadie puede decir que Saramago, el autor de mis preferidos «Ensayo sobre la ceguera», «Las intermitencias de la muerte», «Todos los nombres», «El hombre duplicado», «La balsa de piedra» y «El evangelio según Jesucristo»; pero también de sus más recientes: «Pequeñas memorias», «El viaje del elefante» y «Caín» pareciera un hombre sin educación.

Sin embargo, cuando José Saramago falleció, para muchos lectores asiduos de sus imaginativas obras, su picaresca sin igual que se delataba en el uso contrario de los puntos y las comas hasta la descripción de los perfiles humanos y sus miserias, comenzó una inquisidora búsqueda de un reemplazo que esté a la altura de las circunstancias.

Como fiel lectora de Saramago, aún no lo he encontrado, pero me regocija saber que todavía hay Saramago por leer.

Y es que durante sus últimos meses antes de la enfermedad, el escritor portugués se encontraba trabajando en lo que, sin saberlo, sería su última novela y que hoy su viuda, Pilar del Río, se ocupará, junto con la editorial Alfaguara, del lanzamiento de «Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas».

Cuando el 18 de junio se cumplió un año de la muerte de José Saramago, Pilar del Río, «cómplice» del gran novelista, cumplió la última voluntad del escritor: que sus cenizas sean enterradas a los pies de un olivo en Lisboa, frente al río Tajo y delante de la sede de la Fundación José Saramago y, al mismo tiempo, fue anunciado el lanzamiento de su obra póstuma que será lanzada en todo el mundo al mismo tiempo.

«Echo mucho de menos, como tantos lectores, la palabra de Saramago. Ya no está esa última instancia que era él para tanta gente en la tierra», afirmó Pilar del Río, y anunció que en 2012 se publicará la novela que el escritor dejó inacabada y en la que trabajaba cuando le sobrevino la muerte.

Afortunadamente, Saramago nunca dejó de escribir y luego de publicar Caín en 2009, el escritor empezó una nueva novela sobre la industria del armamento y el tráfico de armas a la que había titulado «Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas» por un verso del gran poeta y dramaturgo luso Gil Vicente.

Sobre la novela, poco se sabe más que la temática y quienes conocemos al autor y sus licencias literarias sabemos que será una obra imperdible en donde primará la mirada criteriosa y crítica de un escritor capaz de volver simples las cosas complejas.

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