Los Búhos, de Miguel Ángel García Argüez

Lo primero que todo el mundo debería saber antes de leer Los Búhos es que al autor le cuesta reconocer esta novela, que atribuye a un sí mismo de otro tiempo. Los Búhos es uno de esos libros-homenaje y, en este caso, tal y como indica el escritor, a las historias de jóvenes adolescentes enganchados a las drogas como Pregúntale a Alicia o Nacida inocente. Miguel Ángel García Argüez (La Línea, 1969) publicó en el 2003 esta novela de forma deliberada, en honor a una adolescencia intrigada y difícil que se derrumbaba ante los aullidos eléctricos del rock and roll y el tráfico clandestino de la heroína.

La protagonista es una jovencita universitaria, más bien atractiva, que para escapar de un mundo donde no se encuentra y hacer frente a la ruptura entre sus padres, culmina sus años de instituto (donde, lejos de un colegio de monjas, se deja arrastrar hacia una telaraña de humo, marihuana quemada y pastillas) volviéndose adicta a la heroína. A modo de diario, cuenta toda clase de aventuras: las fiestas universitarias, los revolcones con chicos interesantes por una noche, sus reuniones secretas con Ana Mari para pincharse, la aparición del mono y los problemas para encontrar caballo…

Todo esto narrado con un lenguaje poético muy intenso, a modo de reflexiones continuas y directas, siguiendo el esquema caótico de creación con que funciona el cerebro. Así, la protagonista ve ballenas heridas y varadas en la orilla, ejércitos de cangrejos, noches sin fondo, búhos…mientras reflexiona sobre grandes mitos griegos, el sistema de clases (“el mundo no se divide en ricos y pobres, sino ángeles y perros” dice ella) y la misma naturaleza de la literatura. La prosa se funde con el verso, afrontan sus raíces y se confunden para dar lugar a un monstruo.

Así, García Argüez cierra de un portazo su adolescencia y rinde homenaje a este género tan discutido pero, a la vez, nos abre su mundo poético para maravillarnos con su fauna: noches donde los búhos echan a volar y las jovencitas se encierran en el baño para inyectarse heroína. Y donde, por supuesto, la droga mata.

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