Marcel Proust

Marcel Proust, escritor francés, fue el autor de En busca del tiempo perdido, una portentosa obra escrita en varios tomos, que es considerada un texto cumbre en el género de la novela del siglo XX.

verfoto.jpgEl 10 de julio de 1871 nació en Paris, Francia, Marcel Proust. Su padre fue Adrien Proust un médico que trascendió como epidemiólogo en Europa, muy a pesar del origen humilde de su familia provinciana dedicada al negocio de las tiendas. Su madre fue Jeanne Weil, judía por línea paterna y materna, de familia culta con una envidiable posición económica.

A causa de su condición enfermiza el niño Marcel apenas si pudo asistir con cierta regularidad al colegio. En la década de 1880 sufre su primera crisis de asma, el padecimiento que habría de acompañarlo a lo largo de toda su vida. En el liceo Condorcet conoció a varios amigos como el futuro historiador Daniel Halévy , el futuro filósofo Léon Brunschvicg, y jacques, el hijo del famoso músico Bizet, con quienes compartió su afición por la lectura.

En 1889 Marcel Proust ingresa al ejército como voluntario y esta etapa fue tan gratificante para él que cuando termina su servicio solicita una prórroga que le es negada y entonces debe volver a la vida civil y decidir el camino que va a seguir. En 1890 escoge estudiar Derecho y Ciencias políticas y aunque obtiene su título profesional no ejerció la carrera por falta de vocación. Durante esos días vivía entregado a la vida social y al cortejo de mujeres, circunstancia que le da fama de ser un joven frívolo y superficial.

Su inclinación por la escritura se evidencia a los 20 años, cuando colabora con Le Banquet, una revista fundada por los exalumnos del liceo Condorcet. Los que leen sus artículos lo acusan de imitar el estilo de Anatole France y no le auguran un buen futuro en las letras, por seguir obsesionado con los temas banales de la alta sociedad. Era la época en que estaba enamorado de Marie Finaly, la hija de un banquero judío, estaba muy deslumbrado también por la condesa de Chevigné, y conoce al conde Robert de Montesquiou, el poeta homosexual que lo presenta a la alta aristocracia parisina. Entre las relaciones homosexuales que se le atribuyen, se destaca la que tuvo con el joven músico Reynaldo Hahn, un judío de origen venezolano, y con Lucien Daudet, un estudiante de arte, hijo del escritor. Esta presunción de homosexualidad en la relación con este amigo, originó que retara a duelo al periodista que difundió el rumor, y aunque no hubo ninguna situación que lamentar, este acto dejó en la sociedad la certeza del valor del joven Marcel Proust.



Marcel Proust publica su primera obra Los placeres y la vida en 1896. El prólogo lo escribió Anatole France, y en realidad sólo llamó la atención de los amigos más cercanos. Después de esta frustración se dedica a traducir a John Ruskin, con la colaboración de su madre, porque su inglés era limitado. Al mismo tiempo sigue haciendo una vida social activa entre gente de la aristocracia y se apasiona por la música de Wagner y de Debussy. Es la época en que tiene 30 años y los que le rodean, incluyendo a sus padres, opinan que ha desaprovechado su vida, que no se define por nada serio, pues al igual que con las mujeres y con los hombres, solo tiene inestables escarceos con la literatura.

img2.gifUn acontecimiento que marca definitivamente la vida de Marcel Proust, es la muerte de su padre en 1903 y la de su madre en 1905. Se aísla voluntariamente y comienza a escribir sin mayores distracciones. Colabora con Le Figaro donde pública unas parodias sobre el caso del estafador Lemoine. En 1909 comienza a incursionar en su proyecto de novela. Escribe durante toda la noche, y duerme en el día. Así alcanza a completar más de mil cuatrocientas páginas que son como el origen de En busca del tiempo perdido. Sus esfuerzos por encontrar editor resultan fallidos, pero la publica de todos modos corriendo él mismo con los gastos. En noviembre de 1913 sale el texto publicado con el título de Por los caminos de Swann, y la segunda parte, que debía aparecer un tiempo después, tardó en ser editada a causa de la guerra, aunque algunos fragmentos salen publicados. Durante la guerra Marcel Proust llevó una vida retirada, dedicado con esmero a la construcción de su extensa obra que es editada al final de la guerra.
Por los caminos de Swann es la primera parte de En busca del tiempo perdido, y es el inicio, la introducción argumental del resto de esta novela en la que está presente su microcosmos, con los ambientes y personajes que serán comunes. En esta primera parte el autor aborda la infancia del narrador en el pueblo de Combray durante sus vacaciones con los padres, entre abuelos, tía, y servidumbre. Los dos caminos que salen de la casa son opuestos entre sí, y mientras el uno conduce al mundo de la aristocracia, encarnado por la duquesa de Guermantes, de quien el narrador se enamora, el otro lleva al señor Swann y a su esposa e hija, con su vida refinada y mundana. Por el camino de Swann es el primer volumen de la serie comprendida por A la sombra de las muchachas en flor, El mundo de Guermantes, Sodoma y Gomorra, La prisionera, La fugitiva y El tiempo recobrado. En busca del tiempo perdido está considerada como una obra capital del siglo XX, y una de las novelas más innovadoras del género. Por sus páginas desfila la vida del autor y todos los personajes y ambientes con los que se relacionó.

El 18 de noviembre de 1922 murió Marcel Proust después de que se le recrudecieran los ataques de asma y se postrara en cama con una neumonía. Años más tarde aparecieron entre sus papeles la novela inconclusa Jean Santeuil, publicada en 1952, y el relato El indiferente, publicado en 1978. Un retrato veraz de este autor lo hace la escritora Colette en el siguiente texto: “Él era un hombre joven en la misma época en que yo era una mujer joven. Pero no fue en ese tiempo en que pude conocerlo bien. Encontraba a Marcel Proust los miércoles en casa de Madame Arman de Caillavet y me gustaban poco su gran educación, la atención excesiva que dispensaba a sus interlocutores, sobretodo a sus interlocutoras, una atención que marcaba demasiado entre ella y él, la diferencia de edad. Y es que parecía más joven que todos los hombres, más joven que todas las mujeres jóvenes. Con grandes ojeras oscuras y melancólicas, una tez ora ruborosa ora pálida, los ojos ansiosos, la boca cuando callaba, apretada y hermética como para un beso”.

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