Ocultos tras un pseudónimo

George Sand, Rubén Darío o, quizá, el mismísimo William Shakespeare son ejemplos de autores que preferían firmar con nombre supuesto.

pseudonimos

Muchos escritores buscan el éxito, vender libros y que se les reconozca su mérito literario. Pero no siempre es así. A lo largo de la Historia, ha habido buen número de ellos que han ocultado su identidad tras un pseudónimo por diversos motivos. El más habitual ha sido que, sencillamente, les gustaba un nombre y lo adoptaron pero ha habido otros casos más dramáticos. Si hablamos de hombres, podía obedecer a que temían ser perseguidos por sus escritos y, si lo hacemos de mujeres, a que, en su época, no estaba bien visto que se dedicasen a la Literatura y preferían optar por un nombre masculino.

En cualquier caso, es interesante realizar un repaso por los pseudónimos adoptados por algunos escritores famosos, más conocidos por éstos que por su verdadero nombre. Y no estará de más comenzar por un autor tan celebrado por su obra como desconocido por su vida: nada menos que William Shakespeare.

Y es que no son pocos estudiosos los que defienden la tesis de que se trata de un pseudónimo. Tras él, se ocultaría otra persona que bien podría ser el filósofo y político Francis Bacon o el también dramaturgo y espía- Christopher Marlowe. Por continuar con la literatura inglesa, más claro es el caso de Jonathan Swift (Dublín, 1667-1745), autor de relatos tan populares como ‘Los viajes de Gulliver’ y famoso satírico, que utilizó para algunas de sus polémicas el alias de Isaac Bickerstaff. Por su parte, George Eliot (Astley, 1819-1880), autora de novelas como ‘Middlemarch’ o ‘Silas Marner’, responde al caso antes mencionado de la mujer que oculta su identidad tras un pseudónimo masculino debido a las convenciones sociales, ya que su verdadero nombre era Mary Anne Evans.

Caso parecido pero en las letras francesas es el de George Sand (París, 1804-1876), autora romántica de relatos como ‘Valentine’, ‘Lélia’ o ‘Consuelo’, que se llamaba realmente Armandine Aurore Lucile Dupin. Claro que, a la vista de su biografía rebelde e independiente, cuesta trabajo creer que necesitase ocultar su verdadero nombre tras un pseudónimo.

Sin salir de territorio galo, durante años el máximo referente de su intelectualidad fue Anatole France (París, 1844-1924), Premio Nobel de Literatura en 1921 y autor de novelas como ‘Los dioses tienen sed’ o ‘Thais, cortesana de Alejandría’, cuyo verdadero nombre era Anatole François Thibault. Por su parte, Sidonie Gabriel Claudine Colette (Saint-Sauveur-en-Puisaye, 1873-1954), artista de variedades, musa y escritora ella misma, firmaba sus obras sencillamente como Colette. Y Françoise Sagan (Cajarc, 1935-2004), célebre autora de ‘Buenos días, tristeza’ e integrante de la escuela de la Nouvelle Vague, se llamaba realmente François Quoirez.

Pero quizá el caso más curioso sea el del luso Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935), magistral poeta y prosista, uno de los autores más importantes de la literatura portuguesa. Éste, no conforme con inventarse un sinfín de pseudónimos – Álvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro-, además creó un estilo propio para cada uno de ellos. Así, Campos cultiva una poesía decadentista, mientras que la de Reis se inclina por el clasicismo y la de Caeiro es más filosófica. Se trata, sin duda, de uno de los casos de desdoblamiento de personalidad literaria más curiosos de la Historia de la Literatura. Pero no podemos finalizar este artículo sin hablar de las letras hispanoamericanas. También nosotros contamos con casos famosos: Rubén Darío (Metapa, 1867-1916), magistral poeta nicaragüense fundador del Modernismo, se llamaba realmente Félix Rubén García Sarmiento; el chileno Pablo Neruda (Parral, 1904-1973), Nobel de Literatura en 1971, era Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto y Gabriela Mistral se llamaba Lucila Godoy de Alcayaga. Más sencillos eran los alias de los españoles Leopoldo Alas Ureña (Zamora, 1852-1901), autor de ‘La Regenta’ que se bautizó como Clarín, o José Martínez Ruiz, que firmaba Azorín. Desde luego, nos hemos dejado muchos casos en el tintero pero los citados son buena muestra del gusto de algunos escritores por utilizar pseudónimos.

Fuente: 1.001 Libros.

Fotos: Reservas de coches y Nazareno Saudade.

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