Oscar Wilde, el genio marginado

El escritor británico, gran profeta del esteticismo y autor de ‘El retrato de Dorian Gray’ entre otras obras, nació el 16 de octubre de 1854.

Estatua Oscar Wilde en plaza Merrion

El pasado jueves 16 de octubre se cumplieron 160 años desde el nacimiento de Óscar Wilde (Dublín, 1854-1900), una de las grandes figuras de la literatura inglesa en el periodo victoriano y, sin duda, el más original e ingenioso de sus colegas coetáneos. Un talento para el humor y la sátira que, probablemente, fue su ruina: cuando le procesaron en 1895, muchos vieron la ocasión de vengarse de sus burlas.

Nacido en el seno de una familia acomodada, Wilde se formó en Oxford donde tuvo como tutores a Walter Pater y John Rushkin, adalides del esteticismo que su discípulo abrazaría, no sólo como estilo literario, sino como toda una forma de vida. También esa conducta hedonista y excéntrica le granjearía no pocos adversarios.

Como escritor, se dio a conocer con varios poemas y el drama ‘Vera o los nihilistas’. Precisamente en el teatro alcanzaría sus mayores éxitos: tras una estancia en Estados Unidos como conferenciante, se convirtió en el dramaturgo de moda en los coliseos londinenses. Obras como ‘El abanico de lady Windermere’, ‘Una mujer sin importancia’, ‘Un marido ideal’ y, sobre todo, ‘La importancia de llamarse Ernesto’, llenaban los teatros todos los días. Para entonces, ya había publicado varios volúmenes de cuentos algunos de los cuales son magníficos por el humor que destilan. Así por ejemplo, ‘El crimen de lord Arthur Saville’ y ‘El fantasma de Canterville’. También había protagonizado su primera polémica importante. Fue con motivo de su drama ‘Salomé’, basada en el personaje bíblico, que fue prohibido en Inglaterra por el escabroso tratamiento que daba a la historia de la mujer que pidió a su padre la cabeza de Juan el Bautista.

Con todo, la mejor obra de Wilde probablemente sea su única novela: ‘El retrato de Dorian Gray’. Verdadero manifiesto esteticista, su asunto es el anhelo de juventud eterna: el joven Dorian es pintado por Basil Hallward y, deslumbrado por su propia belleza, desea mantenerse joven y hermoso para siempre. Su deseo se cumple y la pintura envejece por él.

Todo parecía sonreírle al escritor dublinés, tanto que no se preocupó de que su mordaz ironía iba dejando enemigos en el camino. Éstos vieron la ocasión de cobrárselas todas juntas cuando se enfrentó a un proceso por sodomía. Condenado, pasó casi dos años en prisión. Fruto de su estancia en ella fueron ‘La balada de la cárcel de Reading’ y ‘De profundis’. Especialmente ésta última, una carta escrita a lord Alfred Douglas -en buena medida responsable de su cautiverio pues la denuncia vino de su padre-, es un testimonio estremecedor de un hombre que se siente maltratado.

En 1897, hundido moral y materialmente, Wilde salió de la prisión. Como nadie quería tener que ver con él en Inglaterra, se trasladó a Francia y adoptó el falso nombre de Sebastián Melmoth. En París vivió míseramente los tres años que le restaban de vida. Hombre ingenuo y burlón, probablemente no entendió nunca la inquina con que había sido tratado por la sociedad británica. Y es que por mucho que se lean sus obras no se encuentra en ellas burla soez de nadie, solamente -eso sí- una socarrona ironía que convierte estos libros en textos literarios magistrales.

Vía: Web dedicada al escritor.

Foto: William Murphy.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...