Recordando a Blas de Otero

Se cumplen cien años desde el nacimiento del autor de ‘Ángel fieramente humano’, ‘Pido la paz y la palabra’ y ‘Que trata de España’.

blas de otero

Ayer, 15 de marzo, se cumplieron 100 años del nacimiento en Bilbao de Blas de Otero Muñoz, una de las grandes figuras de la lírica española en la segunda mitad del siglo XX. Con frecuencia reducido a la categoría de poeta social, ésta es tan sólo una etapa de su trayectoria y quizá no la mejor. De hecho y a pesar de su prematura muerte en 1979, un somero repaso a sus obras nos muestra como fue capaz de adaptarse a las distintas tendencias líricas que se sucedieron durante aquel periodo y siempre de manera brillante.

De familia acomodada, Blas de Otero vio como ésta se arruinaba. Siendo adolescente, murieron su hermano y su padre y el sufrimiento le provocó fuertes crisis nerviosas contra las que encontró apoyo en la religión: incluso fue congregante de Los Luises de San Estanislao de Koska.

Y ello tiene gran importancia para analizar su poesía, ya que en estos primeros años escribe composiciones hondamente religiosas, muy influidas por clásicos como Fray Luis de León y San Juan de la Cruz. De hecho, ‘Cántico espiritual’ se titula la primera obra de cierta extensión que publicó. Por esta época en Bilbao formó parte de grupos poéticos en cuya organización colaboró como ‘Alea’ o ‘Nuestralia’. Sus integrantes compartían sus escritos y también influencias que iban desde los citados místicos hasta la Generación del 27 pasando por Juan Ramón Jiménez y César Vallejo.

En 1945 se produjo un hecho determinante en la vida de Blas de Otero: aquellas crisis nerviosas mencionadas desembocaron en una profunda depresión por la que hubo de ser ingresado en el Sanatorio de Usúrbil. Tal circunstancia determinó así mismo un giro radical en su concepción de la poesía. En efecto, utilizando ésta como terapia, inicia una etapa de marcado contenido existencial durante la que publica algunos de sus más desgarrados libros: ‘Ángel fieramente humano’ y ‘Redoble de conciencia’, que más tarde fundiría en un solo volumen titulado ‘Ancia’. Estas composiciones, de tono exaltado, buscan un sentido a la vida humana al tiempo que protestan ante las desgracias a que debe enfrentarse.

Indudablemente, deben entenderse en el contexto de poesía “desarraigada” que se desarrolla en nuestra lírica tras la Guerra Civil, una corriente en la que se incluyen también Dámaso Alonso con su estremecedora ‘Hijos de la ira’, Ramón de Garciasol o un joven Gabriel Celaya. Curiosa es la presencia en ‘Ancia’ de poemas de tono sentimental. Sin embargo, en ellos el amor es mostrado como un desesperado anhelo en pos de la realización vital. Así mismo, hay también en la obra composiciones que muestran un acercamiento a lo colectivo que será fundamental en su etapa siguiente.

Ésta es precisamente la que señalábamos al principio de poesía social y se inicia en 1955 con ‘Pido la paz y la palabra’, libro con el que trata de llegar –según él mismo- “a la inmensa mayoría”. Las preocupaciones existenciales ceden paso a la denuncia del sufrimiento cotidiano y a la solidaridad con quienes lo padecen. Pero también hay en esta época composiciones que critican la situación de España desde postulados marxistas.

Idénticos temas y tono hallamos en los otros dos libros de esta etapa, que conforman unidad con aquel: ‘En castellano’ y ‘Que trata de España’. En éste último y a semejanza de Machado o Miguel de Unamuno, abundan composiciones dedicadas a las tierras españolas y a las figuras que marcaron nuestra historia como Cervantes o Velázquez.

En consonancia con su deseo de llegar a la mayoría, su lenguaje se ha hecho más sencillo, incluso se aprecia en estas obras cierta influencia de la lírica popular, sobre todo en la métrica. No obstante y en su transparencia, estos textos ocultan un gran trabajo de condensación expresiva. Y es que Otero mantuvo siempre interés en las nuevas corrientes que se iban incorporando a nuestra poesía.

Así, una vez superada esta época de inquietud social, el vasco inició una nueva etapa en su obra. Es la que podríamos calificar de experimental: uso de versículos generalmente muy largos que dan un peculiar ritmo a la composición; aparición de imágenes insólitas que otorgan hermetismo al poema y que tienen indudable raigambre surrealista; un lenguaje nuevo, más rico, y, en lo temático, un retorno a la intimidad.

Los títulos que pertenecen a esta última etapa son ‘Mientras’, ‘Hojas de Madrid’ o el volumen de poemas en prosa ‘Historias fingidas y verdaderas’. En definitiva, es la de Blas de Otero una trayectoria rica y variada en la cual sobresalen, por encima de sus etapas, dos rasgos: un constante afán de renovación y la capacidad para exprimir al lenguaje todas sus posibilidades expresivas. Sin embargo, su temprana muerte en accidente de coche nos dejó sin lo mucho que su lírica aún nos podía ofrecer.

Vía: ‘Hispanoteca’.

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