Recordando a Juan Rulfo

Hoy, 16 de mayo, se cumplen cien años del nacimiento del escritor azteca, a quien debemos la extraordinaria ‘Pedro Páramo’.

Herminio_Martínez_y_Juan_Rulfo

Tal día como hoy, 16 de mayo, pero de 1917 venía al mundo uno de los escritores más personales de la reciente literatura hispanoamericana. Tan peculiar que no puede clasificársele dentro del Realismo mágico de García Márquez o Mario Vargas Llosa aunque suele ser tenido como un precursor. De hecho, hay una graciosa anécdota que narra como Augusto Monterroso le recomendó amistosamente al primero de los citados que, para triunfar en el mundo de la Literatura, tenía que aprender a escribir como nuestro protagonista.

Estamos hablando del mexicano Juan Rulfo (Sayula, Jalisco, 1917-1986), quien ha pasado a la Historia de la Literatura con apenas dos libros publicados. Tan escasa producción, se debió, por una parte, a su manera de escribir y, por otra, a que -como él decía- “tengo que trabajar”.

Rulfo vivió una infancia muy desdichada y ello hizo de él un hombre taciturno y poco comunicativo. Todo ello se aprecia en el tono pesimista de sus dos obras, que reflejan una visión desesperanzada de la vida. La primera que escribió fue ‘El llano en llamas’, un conjunto de 17 relatos donde algunos críticos quieren ver un ensayo de su novela posterior, ‘Pedro Páramo’. De hecho, varios de los cuentos se ambientan en Comala, escenario de aquella y en un periodo tan cruel como la llamada “Guerra Cristera”, donde el padre de Rulfo fue asesinado. Entre sus títulos, ‘La noche que lo dejaron sólo’, ‘Paso del Norte’, ‘Nos han dado la tierra’, ‘No oyes ladrar los perros’ o ‘La herencia de Matilde Arcángel’.

Sin embargo, la cima literaria del escritor mexicano fue ‘Pedro Páramo’, considerada hoy una de las cimas de la narrativa universal contemporánea. Argumentalmente, narra la historia de Juan Preciado, un muchacho que, para cumplir la promesa a su madre moribunda, llega a Comala buscando a su padre. Pero lo más original de la trama es lo que allí encuentra: personajes que no se sabe a ciencia cierta si están vivos o muertos.

Además, todo ello está contado con técnicas novedosas para la época como un peculiar tratamiento del tiempo, que parece circular y escenas que asemejan a una fotografía (de hecho, Rulfo era un experto en esta disciplina). Pero, sin duda, lo más original de la obra es el mundo creado por su autor: un microcosmos sin referencias externas. Y ello sería bastante habitual en la Literatura si sólo se tratase de datos físicos pero es que, además, la novela de Rulfo parece tener lugar en un mundo ajeno al nuestro donde todo es posible. No en balde, se trata de una de las obras maestras de la moderna narrativa universal y, tras ella, Rulfo, quizá extenuado, no publicó nada más. En cualquier caso, es bueno recordarla ahora que se cumplen 100 años del nacimiento de su autor.

Vía: ‘Biografías y Vidas’.

Foto: Royalwrote en Wikimedia.

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