Stieg Larsson y la trilogía ‘Millenium’

Stieg Larsson se convirtió de forma casi instantánea el año pasado en un fenómeno mundial tras la aparición de su primera novela, ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’. Más allá de los méritos de su obra, su leyenda se ha agigantado por los hechos que rodean su vida: su labor de periodismo de investigación comprometido con la lucha contra la violencia social, su experiencia internacional en temas como los grupos de extrema derecha y el islamismo radical, y sobre todo su prematura muerte a los cincuenta años, justo después de consignar el manuscrito de su tercera novela.

Stieg Larsson se convirtió de forma casi instantánea el año pasado en un fenómeno mundial tras la aparición de su primera novela, ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’. Más allá de los méritos de su obra, su leyenda se ha agigantado por los hechos que rodean su vida: su labor de periodismo de investigación comprometido con la lucha contra la violencia social, su experiencia internacional en temas como los grupos de extrema derecha y el islamismo radical, y sobre todo su prematura muerte a los cincuenta años, justo después de consignar el manuscrito de su tercera novela.

Que el autor de moda lo sea de manera póstuma ha provocado algunos momentos embarazosos. El verano pasado, durante la cena de gala que ofrece la Crime Writers’ Association, se oyó llamar a grandes gritos a Larsson para que participara en un photocall. Otros detalles son más amargos: Stieg Larsson trabajaba como independiente y empezó a escribir en sus horas libres para asegurarse unos ahorros para la vejez. Ese ritmo de vida le acabó provocando un infarto y es posible que su compañera de toda la vida, Eva Gabrielsson, no reciba jamás su parte porque se le olvidó testar.


Hay mucho de Stieg Larsson en Mikael Blomkvist, uno de los dos protagonistas principales de la trilogía ‘Millenium’. Larsson y Blomkvist comparten edad y profesión, una biografía similar, y los dos están al frente de una revista de investigación independiente (El Millenium de las novelas es un remedo de la cabecera fundada por Larsson, Expo). Además, dicen quienes le conocieron que comparten rasgos de carácter: meticulosos, carismáticos, orgullosos de su capacidad de trabajo y dominados por un afán de justicia social.

El juicio por difamación al que se enfrenta Blomkvist al comienzo de Los hombres…, por ejemplo, reenvía al que tuvo que hacer frente Larsson en vida y que igualmente perdió. Pero hay una diferencia sutil en el oficio de ambos hombres, y es que Blomkvist se dedica al periodismo económico, si bien en su faceta más social. Larsson se inició en la revista antifascista inglesa Searchlight y nunca abandonó esa línea de trabajo, dedicándose en los años setenta y ochenta a documentar el mundo de la violencia racista y de extrema derecha.

Sus primeros reportajes, por ejemplo, trataban de los crímenes de honor entre grupos neonazis. Una investigación que le haría objeto durante el resto de su vida de amenazas de muerte totalmente creíbles, ya que otros periodistas suecos murieron en atentados perpetrados por estos grupos. El conocimiento que llegó a adquirir Larsson en este campo hizo que lo solicitaran como consultor tanto miembros de su Gobierno como la Interpol. En sus últimos años había comenzado a investigar los grupos islamistas radicales que operan en Europa.

Mucha de la experiencia de Larsson impregna sus novelas. En Los hombres… Blomkvist debe investigar la desaparición ocurrida décadas atrás de la heredera de una poderosa familia industria sueca. Sus indagaciones le llevan a revelar la relación de la familia con el nazismo y su implantación en el país. En la segunda novela, ‘La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina’, se abordan las redes de tráfico de prostitutas de los países del este y las bandas criminales organizadas, en las que entran los lazos entre moteros y neonazis.

Pero no hay que creer que Larsson se limita a dramatizar sus investigaciones periodísticas. Más que en la novela negra clásica, las influencias de su obra  hay que ir a buscarla a las novelas de aventuras. Sus dos protagonistas son un homenaje a Astrid Lindgren: Mikael Blomkvist lleva el mote “Kalle Blomkvist” el honor al niño detective creado por la autora. Su compañera Lisbeth Salander, en cambio, surgió según el propio Larsson de esta pregunta: ¿Cómo sería Pippi Calzaslargas si hubiera crecido en la sociedad actual?

El personaje de Lisbeth Salander es sin duda la creación que marca el diferencial de la obra de Larsson. Un joven conflictiva y compleja, traumatizada, antisocial, con rasgos autistas y mucha agresividad. Pero al mismo tiempo con cualidades intelectuales que la convierten en una hacker temible. Mediante Salander Larsson puede ponerle rostro a las víctimas de la marginación social y de la violencia machista, y cumplir su ideal de justicia social ofreciéndoles la revancha.

Lo que caracteriza tan bien a Salander en Los hombres…, ese equilibrio entre voluntad y vulnerabilidad que articula su psique fragmentada, se echa a perder lamentablemente  en La chica… con un desarrollo del personaje en el que la novela de aventuras arrolla al realismo social. Hacia el final del primer libro Salander ya se había convertido en omnipotente, pudiendo arruinar la vida de quién quisiera con sus habilidades informáticas. Pero en el segundo la vemos realizar hazañas físicas que sobrepasan lo verosímil y lo humano.

Los hombres que no amaban a las mujeres es una novela de intriga excelentemente construida, respetando las normas clásicas de limitación de espacio y número de sospechosos. La chica que soñaba con un cerilla y un bidón de gasolina recuerda más a un thriller vertiginoso en el que prima la acción y se olvida la moraleja. Es curioso ver, por ejemplo, como Larsson introduce un personaje “puro macho” en el equipo de los buenos con dos motivos: compensar su ataque al machismo con una imagen de masculinidad positiva y permitir una épica pelea a puñetazos.

Sólo sus editores saben de qué trata el tercero y último volumen de la trilogía Millenium, ‘La princesa en el castillo de las corrientes de aire’. Si sigue la línea anunciada por La chica… es probable que el compromiso social de Larsson termine  aparcado a favor de la sustancia del bestseller de siempre. Es difícil de imaginar porqué un autor tan apegado a las problemáticas contemporáneas terminó recurriendo a mecanismos superficiales. Quizás porque incluso alguien tan disciplinado como Larsson necesitase abordar la literatura como evasión.

Los hombres que no amaban a las mujeres y La chica que soñaba con un cerilla y un bidón de gasolina
Stieg Larsson
Destino, 2008, 640 y 752 páginas

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