“Un gramo de odio”, una novela negra en una escala de grises

El pasado 4 de febrero, el escritor francés Frantz Delplanque en una entrevista que concedió a la agencia de noticias EFE, confesó que con su primera novela, “Un gramo de odio”, había pretendido “desmitificar algunos de los tópicos de la novela negra”.

Un gramo de odio

Cuando comenzó a escribir el libro, lo único que tenía en mente era ridiculizar este tipo de género tan uniforme, “quería burlarme de ciertos estereotipos, pero también burlarme de mí mismo como escritor de novela negra, porque tampoco estaba seguro de ser suficientemente competente“.

Asegura que el resultado final fue una “total sorpresa“, ya que para su propio asombro había creado “una novela negra con una trama exigente y una buena investigación detrás“.

La vocación de Delplanque por la escritura es una pasión que posee desde su infancia. Escribir era una actividad que siempre le acompañaba en sus ratos libres, fines de semana y vacaciones, y un placer que nunca ha abandonado. “No me había planteado que mi primera novela fuera negra ni policíaca, pero, cuando me puse a escribir este tipo de literatura, fue por razones tan poco serias como que el placer de la escritura me lleva a abandonarme a mis propios personajes“, resalta el autor.

Jon Ayaramandi es el atípico protagonista de “Un gramo de odio“, editado por Alfaguara, un ex-asesino asueldo que tras una larga trayectoria profesional, en la que incluye más de una treintena de asesinatos, ha decidido jubilarse. Ahora vive en una pequeña ciudad del País Vasco francés, y pasa su tiempo leyendo novelas de samuráis, comiendo ostras, escuchando rock, y haciendo el amor en busca de la eternidad. Pero toda esa paz se desmorona cuando una antigua amante, a la que considera casi como una hija adoptiva, le pide ayuda para encontrar a su novio, el cual ha desaparecido misteriosamente.

No estoy a favor de uno de los principios de la novela negra, la creación de unos personajes abominables que al ser asesinados por los buenos provoca el aplauso del lector“, señala Delplanque, para quien “es inmoral justificar el crimen, sea por autodefensa o en aplicación de la pena de muerte“.

Sin embargo, el personaje de Ayaramandi concentra la simpatía de muchos lectores y del propio Delplanque, que ya está pensando en una segunda novela con su carismático asesino como protagonista. “No quería que fuera ni policía ni detective privado, sino un asesino, con competencia en su trabajo como experto en el crimen y que ya está jubilado“.

Delplanque no trabaja bajo ningún patrón literario establecido, sino que su estilo es libre y guiado por la intuición más que por la forma, aunque no por ello con menor prestancia: “Cuando escribo, es como si me colocaran un cadáver en mitad del camino e intentara descubrir de dónde viene y quién es“.

Según revela, ha creado “un libro muy alejado de lo que me había propuesto al principio”, “ya que al principio, ni siquiera había decido si el protagonista sería un asesino profesional.

Esta ruptura de las estructuras clásicas de la novela negra, se debe en parte una personalidad que se ha ido desarrollando gracias a una gran variedad de estímulos culturales, como sus años de juventud siguiendo el movimiento “punk”, o su interés por el nihilismo. Todo ello la proporcionado una “voluntad de destruir todos los valores que representen dominio”, y por el contrario, prefiere “ensalzar valores como la amistad, el disfrute de la vida, la buena comida, los niños, el sexo, los animales“.

Una de sus fuentes de inspiración, ha sido las obras del escritor irlandés Ken Bruen, que como asegura Delplanque, le ayudó a eliminar complejos: “Leer a Bruen y su policía Taylor te invita a burlarte de la intriga policial. Bruen insiste en los personajes, en el ambiente, en el estilo y tiene mucha ironía” señala el autor.

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