Una antorcha para Jorge Franco

Para quienes todavía no lo hayan oído mencionar, o confundan su nombre con el de cualquiera de los homónimos que tiene en otros países de habla hispana, debo comenzar aclarando que el Jorge Franco de este artículo es un escritor colombiano nacido en Medellín, la misma urbe de donde es oriundo el controvertido autor Fernando Vallejo. Sus inicios en la literatura pueden señalarse en el año de 1996 cuando se publica el libro de cuentos Maldito Amor, un conjunto de relatos que fue premiado en el Concurso Nacional Pedro Gómez Valderrama, por contener, seguramente, la semilla que germinaría en su futura narrativa.

jorge-franco.jpgCon Mala noche, su primera incursión en el género de la novela, vuelve a impresionar favorablemente a un jurado que le da un honroso primer puesto en el concurso Ciudad de Pereira en Colombia. En esta ópera prima sorprende el buen manejo de la intriga para narrar una serie de asesinatos de prostitutas que se cometen al amparo de la noche en una ciudad sin nombre. A través de lo que cuenta Brenda, protagonista y narradora de la historia, nos asomamos al mundo de la prostitución, al dolor y a la angustia de unos personajes que en virtud de su sórdido oficio deben recorrer las calles donde el mal les acecha. ¿Quién es el asesino? Es la pregunta que en todo momento nos hacemos, y mientras se nos descifra el misterio, vamos conociendo más de la vida de la urbe cuando la poseen las sombras y salen a flote todas sus crueldades y miserias. “Caminar la ciudad de noche es sacar a pasear la vida de la mano de la muerte”, expresa el autor en Mala Noche. Pero nada está dicho desde el principio en esta novela, y como en toda buena trama detectivesca, Franco incita al lector a una búsqueda incesante, a especular con rastros falsos hasta dar con el final sorpresivo, el menos esperado entre todos los que se pudieran elegir. “Que el lector encuentre en la historia y la prosa algo que lo amarre, que lo haga olvidarse del tiempo”, declaró Franco en una de sus entrevistas. Y ese propósito se cumple en Mala Noche que, si bien está escrita en prosa, fácilmente puede verse adaptada al lenguaje cinematográfico. Esa preferencia del escritor por ser concreto, por evitar lo farragoso y cuidar los detalles, es lo que genera en el lector más ganas de seguir leyendo.

Desde Mala Noche este Jorge Franco, el que encontró en la biblioteca de su abuelo Antonio la sabia inspiración de los clásicos, ha recorrido un camino literario exitoso que hoy lo posiciona como una de las figuras relevantes de la nueva narrativa latinoamericana. Sin embargo, es con Rosario Tijeras, publicada por primera vez en el año de 1999, que Jorge Franco obtiene el reconocimiento de los lectores, hasta el punto de que al autor no lo identifican por su nombre sino por el del personaje protagónico de la novela. Aquí Franco perfecciona el manejo de la prosa y la convierte en un medio fluido para llenar la dramática historia de imágenes subyugantes. Esta influencia de lo audiovisual le viene al escritor de su paso por una escuela de cine en Londres, antes de que la literatura le señalara otro camino para contar historias.

En Rosario Tijeras, Antonio el narrador, que también es personaje de la historia, nos cuenta lo vivido con Rosario desde el momento en que él y su amigo Emilio la conocen en una discoteca, y ambos, (Antonio en silencio, y Emilio logrando conquistarla), quedan seducidos por la compleja personalidad de esta mujer que no es de la clase social alta a la que ellos pertenecen, pero es la versión femenina de un personaje que los llena de interés y curiosidad: el sicario, una figura surgida en la Medellín de los años ochenta cuando el narcoterrorismo se campeaba por sus calles y los capos del negocio de la droga apelaban a la extrema pobreza de los jóvenes para mostrarles una forma de vivir más confortable, asesinando a sueldo en nombre de ellos. Tijeras no es el apellido de Rosario sino el apodo que tuvo su origen en un trágico hecho en el que ella se vio involucrada y que fue el que le señaló el camino hacia una vida marcada por la violencia y el odio. La relación que se establece entre estos tres personajes es profunda y cálida, y el triángulo amoroso nacido en medio de los tiros y la sangre que rodean a la joven sicaria, provoca un sentimiento de compasión y desesperanza en el lector que perdura hasta mucho después de haberse encontrado con el inevitable final.


Luego vendrían Paraíso Travel y Melodrama, dos novelas que dan cuenta de la madurez literaria de Franco. Para entonces García Márquez hacía una pública manifestación que era como un espaldarazo: “Este es el escritor a quién yo deseo pasarle la antorcha”. Y claro que la recibió Franco. Basta leer Paraíso Travel para darse cuenta que la historia de Marlon y Reina está contada como solo lo hacen los que saben de técnicas literarias y las usan como deben. En Paraíso Travel el tiempo es el pasado y es el presente que va y viene según convenga a la historia, para mostrarnos el drama de estos indocumentados colombianos en su aventura por alcanzar el sueño americano en Nueva York.

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Rosario Tijeras y Paraíso Travel ya fueron llevadas al cine. Seguramente en muy poco tiempo ocurra lo mismo con Melodrama, su última novela publicada.
Aquí son Medellín y Paris los escenarios de una tragicomedia en la que están envueltos Vidal, Perla y Milord, tres personajes que invitan a reír y a llorar en el laberinto que el autor ha creado para contar la más extensa y compleja de sus novelas, la que ha roto con la sencillez técnica de las anteriores para que el lector participe en la elección de las tantas verdades que plantea la trama. El título de la obra es Melodrama porque Franco se sirve del suspenso, de la intriga y de las emociones fuertes, que son los elementos esenciales de lo melodramático, y en medio de ese claroscuro, de esa luz y sombra, de esa tensión teatral, nos da una lúcida visión de lo que es la compleja sociedad contemporánea.

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