Antonio Ros de Olano, el general ilustrado

Hubo un tiempo en que hasta los militares eran escritores. Éste es el caso de Antonio Ros de Olano, romántico exaltado, amigo de Espronceda y autor de relatos de misterio y fantasía que algunos comparan -salvando las distancias de calidad-con los cuentos de Edgar Allan Poe.

«Yo soy la garza que el halcón sujeta, viendo los horizontes más lejanos: cuando me alcance tu ambición inquieta, ¡acuérdate! Se quebrará en tus manos la lira del poeta». Cuesta trabajo imaginarse al autor de estos versos combatiendo con brío en la Guerra de África y destacándose por su valor en Guad-el-Jelú.

Sin embargo, hubo un tiempo en que hasta los militares eran literatos y no del todo malos. De hecho, los versos anteriores son obra de Antonio Ros de Olano, autor del Prólogo a ‘El diablo Mundo’ de José de Espronceda, de quién era íntimo amigo, y creador de algunos amenos relatos de terror romántico.

Foto del Café del Príncipe

El Café del Príncipe, donde se reunían los románticos, en la actualidad

Nacido en Caracas, donde su padre, también militar, estaba destinado, en 1808, siguió la misma carrera, destacándose ya en la Primera Guerra Carlista y ascendiendo a General con sólo treinta y seis años. Poco después, durante la Década Moderada (1844-1854) fue nombrado por Narváez Ministro de Instrucción Pública, cargo desde el que desempeñó una importante labor, impulsando la enseñanza primaria y creando las llamadas Escuelas Normales, destinadas a la formación de los maestros.

Romántico exaltado, frecuentaba en compañía de Espronceda la tertulia de ‘El Parnasillo’, que se reunía al lado del Teatro Español, en el Café del Príncipe. Era ésta el cenáculo donde se citaban todos aquéllos que pretendían ser algo en la literatura de la época. En ella figuraban Mariano José de Larra, José Zorrilla, Ventura de la Vega, Juan Eugenio Hartzenbusch, Enrique Gil y Carrasco o Mesonero Romanos, entre otros. Pero también asistían los más renombrados políticos del momento, como Salustiano de Olózaga, Bravo Murillo o González Bravo. No es necesario señalar los cargos ministeriales que allí se repartirían.

Estas distracciones se verían interrumpidas por la citada Guerra de África (1859-1860) y Ros de Olano sería enviado a combatir. Tales fueron sus hazañas que recibió los títulos de Marqués de Guad-el-Jelú y Vizconde de Ros. Ya como miembro de la aristocracia, curiosamente, participó en la Revolución de 1868, que destronaría a Isabel II de España.

De su carácter inquieto nos da idea el hecho anecdótico de que inventara el gorro militar que llevaba el ejército de la época y que fue bautizado, en su honor, como ‘ros’. Este peculiar personaje, cuyo estilo literario fue definido por Menéndez Pelayo como «mistagógico y apocalíptico», murió en Madrid el día veinticuatro de julio de 1886. Para la posteridad, legaba un buen número de relatos breves de misterio y dos novelas, ‘El diablo las carga’ y ‘El doctor Lanuela’. Algunos crítico los comparan –por su tono y salvando las distancias de calidad– a los cuentos de Edgar Allan Poe.

Fuente: Región de Murcia Digital.

Foto: Rubenvike.

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