Ciro Bayo, un trotamundos de la literatura

Cuando no existía la televisión, los aventureros narraban sus viajes a través de la literatura. Y, entre ellos, se halla un escritor trotamundos cuya vida es una constante peripecia. Se trata de Ciro Bayo, que, entre otras audacias, se propuso desplazarse a caballo desde la Pampa hasta Chicago.

En un tiempo en que no existía la televisión, los aventureros tenían que contar sus viajes y peripecias a través de la literatura. Y, probablemente, por ese motivo, este tipo de libros siempre han tenido vigencia, al margen de las modas literarias.

Entre estos personajes hay que incluir a un escritor injustamente olvidado hoy y que fue considerado en su tiempo «el último cronista de Indias». Nos referimos a Ciro Bayo Segurola, una personalidad peculiar de las que tanto abundan en el mundo de la literatura.

Foto de Sucre (Bolivia)

Una vista de Sucre (Bolivia), donde Ciro Bayo se asentó durante un tiempo

Hoy conocemos mucho de su vida gracias a los hermanos Ricardo y Pío Baroja, que fueron sus amigos.

Ciro Bayo nació en Madrid el dieciséis de abril de 1859, era hijo natural y, quizá por ser de padre desconocido, alardeaba de que su progenitor era el banquero y senador real Adolfo Bayo. Sin embargo, este dato no ha sido corroborado.

Como quiera que fuese, la vida del escritor fue una constante aventura. A los dieciséis años, se escapó de casa para unirse a las tropas carlistas de Dorregaray, que se dirigían al Maestrazgo. Durante la toma de Cantavieja, fue hecho prisionero y encerrado hasta el final de la guerra.

Pero esta peripecia no disminuyó su afán de aventura y en 1878 partió hacia La Habana con una compañía de cómicos. Esta primera experiencia americana sería breve, pues poco después reaparece en Madrid, aunque también por escaso tiempo. Esta vez, para viajar por Europa y aprender francés e inglés.

Sería en 1889 cuando emprende su aventura más sonada. Vuelve a partir hacia Sudamérica, esta vez a Argentina, donde solicita plaza de maestro. Le asignan una escuela rural en plena Pampa.

Pero, decididamente, Bayo era incapaz de permanecer mucho tiempo en un sitio así que se propuso desplazarse a caballo desde allí hasta Chicago, donde a la sazón se celebraba una exposición universal.

Tan sólo llegaría hasta Sucre (Bolivia), donde se asentó –esta vez sí- por una temporada fundando un colegio y un periódico al que llamó Fígaro, quizá en honor a Mariano José de Larra.

Volvió a España en 1900 instalándose en Barcelona donde viviría dos años para después regresar a su Madrid natal. En estos años y hasta su muerte, Bayo se dedicó al periodismo pero, sobre todo, a contar sus aventuras en distintos libros que constituyen obras maestras de la literatura de viajes.

El peregrino entretenido: viaje romancesco, Con Dorregaray, Por la América desconocida o De Barcelona a La Habana son algunos de ellos.

Ciro Bayo murió en 1939. Los últimos años los pasó acogido en el asilo que la Asociación de Artistas y Escritores Españoles tenía en Madrid para atender a los colegas que se hallasen en la indigencia. Triste epílogo para un hombre que había recorrido medio mundo y escrito textos inolvidables.

Fuente: Arte Latino.

Foto: Pandrcutts en Flickr.

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