Emilio Salgari, el novelista que navegó con la imaginación

Los novelistas suelen extraer sus argumentos de sus vivencias pero también de su imaginación. Pero el caso del italiano Emilio Salgari es curioso: el narrador por excelencia de aventuras de piratas jamás trabajó como marino ni conocía los mares del sur, escenario de sus obras.

Es un hecho unánimemente aceptado que un escritor de narraciones tiene que poseer una buena imaginación que le permita crear argumentos para sus obras. De hecho, éstos proceden, en casi todos ellos de una combinación entre sus vivencias personales y su capacidad inventiva.

Sabemos, por ejemplo, que Herman Melville fue tripulante de un ballenero durante cierto tiempo y de ello extrajo vivencias para crear su inmortal Moby Dick. O que Ernest Hemingway aprovechó sus experiencias como sanitario en la Primera Guerra Mundial para escribir Adiós a las armas.

Foto de los mares de Borneo

Mares de Borneo, donde se desarrollan las aventuras de Sandokán

Sin embargo, aunque tengamos constancia de estos hechos biográficos, nunca debemos menospreciar la imaginación de un novelista.

Buena muestra de ello es el caso del italiano Emilio Salgari, que es, con toda probabilidad, el autor que mejor -o al menos, más abundantemente- ha narrado aventuras protagonizadas por piratas en los lejanos mares del sur.

Y, curiosamente, ni había visitado aquellos lejanos lugares ni trabajó como marino en su vida.

Nacido en Verona el veintiuno de agosto de 1862, es cierto que estudió en el Instituto Técnico y Naval de Venecia aunque no culminó su formación. Sus experiencias en el mar se circunscriben, por tanto, a algunos breves periplos formativos por las costas del Adriático.

Ya en fecha tan temprana como 1882, nos lo encontramos de regreso a Verona y ejerciendo el que sería su trabajo toda su vida: el periodismo. Por entonces, publica también su primer relato breve, Los salvajes de Papua en el diario milanés La Valigia. A éste seguirán otros y una primera novela titulada Tay-See.

Pero no será hasta 1883 cuando comience a escribir las narraciones que le harían famoso: las aventuras de Sandokán, príncipe de Borneo destronado por el colonialismo que se ve obligado a actuar como corsario para recuperar su tierra.

En conjunto, un compendio de once novelas en las que el valeroso héroe habrá de afrontar mil peripecias siempre acompañado de su lugarteniente Yáñez y perseguidos por el Rajá blanco de Sarawak, James Brooke, su peor enemigo.

Sin embargo, el éxito editorial no permitió a Salgari llevar una vida feliz. En 1889, se suicidó su padre, iniciando una cadena de suicidios que incluye el del propio novelista, en 1911 y los posteriores de dos de sus hijos, Omar y Romeo. Todo ello nos hace pensar en algún trastorno depresivo de tipo genético.

Un triste final para un extraordinario contador de aventuras que tan sólo había navegado con la imaginación.

Fuente: Biografías y vidas.

Foto: Borneo: Ángela 7 dreams en Flickr.

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