Manuel Fernández y González, el primer español que pudo vivir de la Literatura

Curiosamente, el primer escritor español que ganó dinero con su pluma no fue ninguna de las grandes figuras de nuestras letras sino un folletinista, hoy prácticamente olvidado, de nombre Manuel Fernández y González. A mediados del siglo XIX, cobraba unas quinientas pesetas diarias, una suma fabulosa para la época. Aquí repasamos su vida.

Si alguien nos preguntase quién fue el primer escritor que, en España, ganó mucho dinero con la Literatura, todos basaríamos nuestra respuesta en la popularidad alcanzada por alguna obra. Así, diríamos que pudo ser Cervantes con su ‘Quijote’, Lope de vega con su ‘Fuenteovejuna’ o José Zorrilla, con su ‘Don Juan Tenorio’. Sin embargo, no se trata de ninguno de ellos sino de un autor de folletines que hoy es prácticamente desconocido.

Se llamaba Manuel Fernández y González y, si decimos que uno de los «negros» que tuvo a su servicio fue nada menos que Vicente Blasco Ibáñez, nos haremos una idea de la popularidad e importancia que tuvo en su época. Había nacido en Sevilla el seis de diciembre de 1821 aunque se crió en Granada y, hacia 1850, se trasladó a Madrid para triunfar en el mundo de las letras. No le fue mal porque, en unos años, había conseguido publicar varias obras.

Foto de la Torre del Oro de Sevilla

Torre del Oro de Sevilla, ciudad natal de Manuel Fernández y González

Es entonces cuando los editores de esa curiosa fórmula literaria que fue el citado folletín -o novela de entretenimiento por entregas- le buscaron. Y, como a Fernández y González le gustaba vivir bien -a quién no- y gastaba el dinero con más rapidez que le llegaba, firmó un contrato en exclusiva con uno de ellos de nombre Manini que, a la sazón, era el más poderoso por entonces. En un breve lapso de tiempo le pagó más de doscientas cincuenta mil pesetas o, lo que es lo mismo, mil quinientos euros.

Para hacernos una idea, en aquel tiempo, el sueldo de un catedrático de universidad no llegaba a las trescientas pesetas al mes. Pero no fue esa toda su ganancia, pues se calcula que, durante los diez años en que más obras produjo, ganaba unas quinientas pesetas al día. Claro que, para ello, se veía obligado a escribir una o dos novelas diarias, tarea imposible para un solo hombre. Fue por ello por lo que tuvo que recurrir a colaboradores que las creasen y después él firmarlas.

A pesar de todo ello, Fernández y González no estaba exento de talento literario. De hecho, las obras que realmente escribió él de forma pausada‘Los siete infantes de Lara’, ‘El pastelero de Madrigal’ o ‘Amparo’, por ejemplo- se leen con gusto. Su problema era que, como decíamos, gustaba de llevar una vida opulenta que requería un esfuerzo sobrehumano para ganar dinero. A pesar de todo, murió en la ruina el día seis de enero de 1888.

Fuente: Los Hernández.

Foto: Son of Groucho.

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