Se cumplen 21 años del fallecimiento de la gran María Zambrano

Podríamos decir que la personalidad de María Zambrano se forjó durante la Segunda República española, mientras que el grosso de su obra lo hizo desde la letanía del exilio y con la dictadura como yugo sobre su espalda. Antes de llegar a esa fase de soledad que tanto caracterizó su pensamiento filosófico, cabe decir que Zambrano fue una mujer educada en la libertad intelectual, pudiendo dar rienda suelta a su compromiso con la democracia a través de la creatividad y el talento asociado a su producción literaria. Con la muerte del general Francisco Franco y la llegada de la democracia, María Zambrano fue finalmente reconocida como lo que fue: la filósofa más importante del siglo XX, discípula de Ortega y Gasset, Zubiri y García Morente. En 1981 recibiría el premio Príncipe de Asturias de Humanidades y el Cervantes en 1988.

Maria Zambrano

Maria Zambrano.

María Zambrano supo ser, a través de su obra y sus reflexiones, un punto de unión para varias corrientes filosóficas. Lectora infatigable, en su particular imaginario se escuchan los ecos de filósofos tan dispares como Nietzsche, Ibn Arabi, Heidegger o Séneca. Los pensadores de la época clásica, como Platón o Sófocles, también dejaron su impronta en esta librepensadora, así como San Juan de la Cruz y Miguel de Cervantes. Como vemos, una trayectoria intelectual ecléctica que también se caracterizó por el análisis textual y literario de autores como Pablo Neruda, José Ángel Valente, Antonio Machado, Emilio Prados o Miguel de Unamuno.

Si algo determinó la evolución del pensamiento de María Zambrano fue la Guerra Civil española y la consiguiente dictadura por parte del general Franco. Dos fatídicos hechos que para ella significaron una sola cosa: el exilio. El hecho de vivir en distintas ciudades del mundo (París, México, Cuba, Roma, La Pièce y Ginebra) cambió la manera de concebir España, Europa y el mundo en general. Mediante la introspección de corte místico, Zambrano combatiría la terrible soledad de estar fuera de su patria. El dolor, tan habitual en la década de los cuarenta, en plena posguerra, desembocó en un pensamiento filosófico que combinaba metafísica y mística, proponiendo como sistema de pensamiento la razón poética con el objetivo de combatir la crisis existencial.

Tan importante es el exilio en la vida de Zambrano que estamos en posición de afirmar que el ecléctico, personal y original legado de esta filósofa no hubiera tenido lugar (no de la misma manera y con la misma fuerza, al menos) de haber permanecido ella en España. Lo que sí fue inherente a su persona hasta el día de su muerte el 6 de febrero de 1991 fue su valentía, su entusiasmo y su fascinación por las distintas formas de cultura. Sin duda, una mujer con voz propia y ajena a los convencionalismos. Una luchadora nata en pro de la razón en un tiempo, el pasado, donde pensar en libertad y sin coacción no estaba permitido.

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Foto / Limbte

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