Stephen Crane y los inicios del periodismo sensacionalista

La bazofia que nos presentan hoy día algunos programas de televisión tiene su antecedente en la figura de William Randolph Hearst, un miserable que provocó desde sus periódicos la Guerra Hispano-Norteamericana. Lo irónico es que contó con la colaboración, como corresponsal de guerra, de un estimable novelista, Stephen Crane, autor de El rojo emblema del valor.

Los bochornosos espectáculos a que asistimos hoy día en algunos programas de televisión tienen un  claro antecedente en alguna prensa norteamericana de finales del siglo XIX, más concretamente, en las figuras de Joseph Pulitzer y, sobre todo, de William Randolph Hearts.

Éste último era un individuo de malos orígenes que se enriqueció por todos los medios excepto los lícitos, para luego introducirse en los periódicos con la intención de hacer carrera política.

Foto de la Batalla de Santiago de Cuba

Una imagen de la Batalla naval de Santiago de Cuba, durante la Guerra Hispano-Norteamericana

Tal era el personaje que el retrato que de él hizo el genial Orson Welles en Ciudadano Kane nos parece excesivamente amable.

El hecho es que Hearst, como propietario del San Francisco Examiner y otro puñado de periódicos no dudó en mentir descaradamente –él lo llamaba «crear la noticia»- con objeto de impulsar a la opinión pública estadounidense a pedir la declaración de guerra en 1898 contra España, a la sazón en conflicto con los independentistas de la isla.

Tan es así que, cuando se produjo la famosa explosión fortuita del acorazado Maine en la bahía de La Habana, envió allí a un famoso ilustrador de su periódico, Frederick Remington. Como éste le informase de que el suceso había sido accidental y de que no había atisbos de guerra, Hearst le respondió: «usted haga las ilustraciones que yo pondré la guerra».

En suma, un indeseable que no dudó en provocar un conflicto bélico en el que murieron miles de soldados con tal de vender periódicos.

Lo irónico del caso es que Hearst contó con la colaboración de un buen novelista que se trasladó a la isla como corresponsal de sus periódicos para cubrir la guerra y continuar avivando la exaltación patriótica de los norteamericanos.

Se llamaba Stephen Crane (1871-1900) y había nacido en Newark, Nueva Yersey. Para esas fechas ya había cubierto la Guerra Greco-Turca de 1897 y también había publicado una excelente novela, El rojo emblema del valor, sobre el Conflicto de Secesión norteamericano.

Como los modernos corresponsales de guerra, Crane cubrió el desembarco estadounidense en Guantánamo, el avance de la mítica caballería de Theodore Roosvelt, más tarde Presidente de los Estados Unidos (y tío de otro Presidente, Franklin Delano Roosvelt) y la Batalla del Cerro de San Juan, dando carnaza a los lectores de los diarios de Hearst.

Sin embargo, aunque no resultó herido, sí contrajo el paludismo y hubo de ser repatriado. Moriría poco después a causa de una tuberculosis que se complicó debido a la enfermedad contraída en Cuba.

Un triste epílogo literario para un estimable escritor que podría haber llegado más lejos si no se hubiera asociado a un miserable como Hearst.

Fuente: Kirjasto.

Foto: Batalla de Santiago de Cuba: Northfielder en Flickr.

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