Descansa en paz, Michael Crichton

El cáncer pudo con él pero ahí queda su obra

El famoso escritor y guionista Michael Crichton, también director de varios filmes interesantes, se suma a la lista de celebridades vencidas por el cáncer. Nacido en Chicago el 23 de octubre de 1942, la muerte se lo ha llevado (el 4 de noviembre) recién cumplidos los 66 años.

Crichton empezó estudiando lengua inglesa en la universidad de Harvard, pero lo dejó porque no le convencían los métodos de enseñanza y, después de tomarse un año sabático en Europa, volvió a Boston e ingresó en la facultad de medicina. Sin embargo, el joven Crichton era incapaz de resistirse a la vocación literaria que corría por sus venas (su padre era periodista) y compaginó sus estudios con la escritura de libros que firmaba bajo pseudónimo. Uno de ellos, titulado Un caso de urgencia (A case of need) ganó el premio Edgar a la mejor novela en 1969 y seguramente este hecho fue determinante en la elección definitiva de su profesión, que no pasaría por el ejercicio de la medicina.

Muchas de sus novelas fueron adaptadas al cine con gran éxito. La amenaza de Andromeda (The Andromeda strain, 1971) fue la primera de estas adaptaciones y se ha convertido por derecho propio en un clásico de la ciencia-ficción. Diagnóstico: asesinato (The carey treatment, 1972), dirigida por Blake Edwards y protagonizada por James Coburn y Jennifer O’Neill, puede definirse como un thriller de ambiente hospitalario, precisamente basado en la obra Un caso de urgencia. En El hombre terminal (The terminal man, 1974), un interesante thriller de ciencia-ficción, George Segal es un brillante científico transformado en un asesino a causa de una lesión cerebral y un implante que no proporciona el éxito esperado.


En la década de los 90 se dispara el número de adaptaciones cinematográficas de sus obras: Parque jurásico (1993) y su secuela Jurassic Park: el mundo perdido (1997), ambas dirigidas por el “rey Midas del cine” Steven Spielberg; el thriller Sol naciente, ambientado en el Japón y protagonizado por Sean Connery; el drama sexual Acoso (Disclosure, 1994), con Michael Douglas intentando repetir el éxito de Atracción fatal y enfrentado en esta ocasión a Demi Moore; la floja peliculita de aventuras Congo (1995); otro thriller de ciencia-ficción, Esfera (Sphere, 1998), interpretado por Dustin Hoffman y Sharon Stone; y la fallida fantasía heróica El guerrero número 13, a partir de su novela Devoradores de cadáveres (Eaters of the dead). Si no contamos el remake televisivo de La amenaza de Andromeda estrenado este mismo año, Timeline (2003), de Richard Donner, fue la última película basada en una novela de Michael Crichton. Otras vendrán en el futuro pero ya serán, por desgracia, adaptaciones póstumas.

Las inquietudes artísticas del gran Crichton (dos metros y seis centímetros de estatura) no se limitaron a escribir novelas o guiones (la famosa serie Urgencias fue creación suya). La vinculación de su obra literaria con el cine es más que evidente, por lo que no es de extrañar que se atreviera a dirigir él mismo varios de sus libros o libretos. Lo más curioso es que no lo hizo nada mal. Tras un correcto debut con Pursuit (1972), el advenedizo cineasta logra un clásico del cine de ciencia-ficción, tal vez menor pero ciertamente interesante, con Westworld (1973), titulado en España Almas de metal. A éste le sigue, un lustro después, Coma, adaptación de un best-seller de Robin Cook escrita por el propio Crichton. El primer gran asalto al tren (The first great train robbery, 1979) es una de esas películas sobre robos perfectos, éste basado en un hecho real y ambientado en la época victoriana, con un trío protagonista de lujo: Sean Connery, Donald Sutherland y la bella Lesley-Anne Down (un filme simpático y, en su género, impecable). Entre las más flojas Ojos asesinos (Looker, 1981) y Contra toda ley (Physical evidence, 1989) queda la atractiva Runaway, brigada especial (1984), con el infravalorado Tom Selleck de protagonista y compartiendo con Almas de metal el tema de los robots desmadrados.

Michael Crichton ha muerto pero puede descansar en paz. Considerado el padre del tecno-thriller, comparado con Arthur Conan Doyle y vendedor de más de cien millones de ejemplares traducidos a treinta y pico idiomas, ha hecho en sesenta y seis años más de lo que muchos podríamos hacer en doscientos: vivió intensamente (cinco esposas lo corroboran) y se consagró a su trabajo obteniendo logros espectaculares. Algo digno de admiración, y si me lo permiten, de sana envidia.

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