El vino del estío

Una novela sobre el pasado de un escritor que mira al futuro.

El vino del estío es una novela poética. Trata sobre la infancia (ese seguro, seguro paraíso), la infancia de un niño llamado Ray Bradbury. Que nació en 1920, en Illinois y cuyas obras han sido leídas, traducidas, premiadas, llevadas a la pantalla grande y vueltas a leer.
De sus muchos libros, fundamentalmente se lo conoce por Crónicas Marcianas y por Farenheit 451. Pero es autor de otros muchos libros como El hombre ilustrado o Remedio para melancólicos.

ray_bradbury.jpgEs considerado uno de los maestro de la ciencia ficción, aunque él no considere que lo que escribe sea ciencia ficción. (Como muchos artista se sienten molestos cuando les ponen una etiqueta. Otros escritores tiene una actitud distinta, no les molesta que los cataloguen, ya que esto les simplifica trámites tediosos, como cuando un periodista les pregunta: cómo definiría su estilo, maestro?).

Bradbury, más que un (gran) autor de ciencia ficción prefiere considerarse un escritor del genero fantástico. Sin embargo, es conocido como el poeta de la ciencia ficción y este no es sólo un rótulo, Bradbury tiene una prosa que sugiere y conmueve, como lo hacen los versos de los verdaderos poetas.
En el centro de esta novela, El vino del estío, están la andanzas (Ray) Douglas Spaulding (Bradbury) y su hermano Tom.

La novela se ubica en Illinois, en el verano de 1928, donde este muchacho, Doug, de doce años comienza su viaje hacia el mundo de los adultos. Éste comienzo de viaje está marcado por algunos sucesos que conmueven al pequeño.

Si bien reconocemos a Bradbury en Douglas, en su hermano Tom y en otros personajes del El vino del estío, también pueden identificarse, a la luz de una buena biografía, otros rasgos del autor.



Hay que señalar que en algunas páginas el autor parece detenerse en el deleite de las cosas simples de la vida (o en algunos lujos de la pequeña burguesía, que no todos pueden disfrutar (qué nos hace pensar que nosotros las merecemos? por lo que sufrimos? por lo que somos?))): un par de zapatos de goma, una cortadora de césped, la posibilidad de dedicarle un día a cortar el césped…
El dinero, su abundancia o su escasez, su deseo o sus desdén, es un eje que atraviesa todo posible análisis, y negar la importancia de lo material, incluso para las personas más espirituales, sería un error. Hay cosas que sólo se pueden comprar con dinero (casas, comidas, cierta clase de confort, cierta clase de tranquilidad) y Bradbury parte de eso, pero luego nos lleva por otros rumbos, nos lleva por el camino de la poesía. Un viento cálido nos envuelve y volvemos a la infancia (a la nuestra?), a la infancia que fue o a la que no fue(?), porque como decía Aníbal Troilio en su Nocturno a mi barrio (luego de tres frases nostálgicas, quejosas, del bandoneón):
Mi barrio era así, así…
Es decir, qué se yo si era así…
Pero yo me lo acuerdo así….

el_vino_del_estio1.jpgUna característica de este libro, es que en él, el autor parece haber intentado apartarse de la ciencia ficción, haber intentado hacer algo distinto. Enfocarse en el pasado y no en el futuro. Pero sucede que si bien las primeras páginas de la novela transcurren dentro de los carriles de lo que puede ser una novela de un escritor norteamericano sobre su infancia, a las pocas páginas comienza Bradbury con sus temas preferidos: La Máquina de la Felicidad, La Máquina del Tiempo, La Máquina Verde… Aunque, cada vez que se abordan estos temas, el mensaje que parece desprenderse es que no es en la tecnología, si no en las cosas simples de la vida en donde está la felicidad: La Máquina del Tiempo es un anciano que cuenta historias del pasado, la Máquina Verde es un automóvil… Sin embargo, ahí están las máquinas ejerciendo su fascinación sobre Bradbury. También aparece otro de sus temas preferidos: el miedo, el horror, la fascinación por el horror, el miedo que producen algunas máquinas, cierta clase de muñecos, la máscaras (todo esto lo emparenta con escritores como Lovecraft (un escritor subestimado en su tiempo y sobrestimado en nuestros tiempos)).
De este ráfaga de tecnología incipiente de 1928, me llamó la atención La Máquina de la Felicidad ya que tiene notorias semejanzas, a fuerza de ambigüedades y omisiones del autor, con lo que hoy conocemos como el ciber espacio o internet. En mi opinión, no es que Bradbury se haya adelantado a lo que iba a suceder, sino que identificó un deseo (porque también estaba en él) tras el cuál han corrido muchos durante años, y el producto de ese correr tras La Máquina de la Felicidad es internet, la televisión, el cine, o el arte en general.
Debo reconocer que leyendo algunas páginas de El vino del estío ha sonado en mí una alarma (aunque débil) que me decía :“genio, genio, no te lo pierdas, aprovechalo, leelo todo, fotografia cada frase”, porque sutilmente, no sé si solitariamente, Bradbury va construyendo un mundo (un pueblo) con hombres, héroes, padres, viejos, mujeres, solteronas, abuelas, madres, muchachas, asesinos, histéricas…

Con el deslumbramiento ante la conciencia de estar vivo, el horror ante la realidad de la muerte, el dolor de estar vivo, la alegría de estar vivo, que va conociendo el pequeño Doug, durante ese verano, Bradbury contestas como un poeta (más que como un novelista o un filósofo) a las Grandes Preguntas.

Cuando llegamos al final de la novela, al final del verano, sentimos la misma nostalgia que Douglas por su infancia, o tal vez otra nostalgia, la de Sabina, porque “no hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás sucedió”: una familia feliz, una mesa alegre, sol, amigos, y un hermoso futuro por delante.

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