Ensayo sobre la ceguera de José Saramago

En 1998 José Saramago, premio Nobel de Literaura, escribió Ensayo sobre la ceguera, una de sus obras más importantes. En ella describe una situación de ciencia ficción en la que una población se ve afectada por una enfermedad que deja a la gente ciega. Esta ceguera no se cura y hace florecer los instintos más bajos del ser humano. Realizando un símil con la sociedad occidental de la actualidad, Saramago construye un relato catastrófico, de oraciones largas y de lectura altamente recomendable.

Portada del libro Ensayo sobre la ceguera

¿Alguna vez has pensado cómo actuarías si fueses ciego? Imagina que un día todos los habitantes de tu ciudad perdiesen por completo la vista. ¿Qué pasaría? ¿Cómo se transformarían las relaciones sociales? Sin duda, que el mundo que conoces se apagase por completo cambiaría la vida de todos.

Bajo esta premisa, José Saramago (Portugal, 1922 – España, 2010) construye una de sus obras más conocidas, Ensayo sobre la ceguera. La novela, escrita en 1998 e influenciada por obras como Diario del año de la peste de Daniel Defoe o El señor de las moscas de William Golding, comienza cuando un hombre que espera en su coche a que un semáforo se ponga en verde de repente se queda ciego. Desde entonces, la enfermedad, de origen desconocido, comienza a afectar al resto de la población. Al principio, muchos de ellos son puestos en cuarentena, pero ante el avance de esta ceguera todas las medidas son inútiles. La extensión de la ceguera blanca –pues curiosamente la visión de la gente se torna en un blanco leche– acaba siendo imparable. Esta situación extrema saca de las personas lo peor de ellas mismas. La lucha por la supervivencia se convierte en una alegoría de la sociedad occidental del siglo XX.


Atemporal y universal, Ensayo sobre la ceguera es una novela de ciencia ficción y cercana al terror, pues el panorama que presenta es bastante agobiante. De tintes surrealistas, la novela presenta un escenario indeterminado, que podría ser Portugal por algunas referencias culturales que se hacen, pero que también podría ser cualquier otro lugar del mundo. De la misma manera que no existen nombres de ciudades ni fechas, el relato tampoco contiene los nombres de sus protagonistas –a lo largo de la novela se van sucediendo diferentes casos de personas que se quedan ciegas–. Saramago sólo los describe y los bautiza como “el ladrón de coches” o “el oftalmólogo”, jugando de esta forma también con la ironía.

Como ya hizo en otras obras, Saramago, premio Nobel de Literatura –galardón que le fue concedido precisamente el año en que publicó esta novela–, hace uso de oraciones muy extensas. En ellas apenas aparecen signos de puntuación, los puntos son sustituidos por comas –aunque tras algunas de éstas las palabra empiezan en mayúscula–, se intercalan monólogos con narraciones en tercera persona, etc. Todos estos elementos pueden condicionar un poco su lectura. Y aunque pueda parecer compleja, su lectura es una de las más interesentes que se puede hacer de la literatura del siglo XX. Sin duda, una de las novelas más aconsejables de este maestro de la pluma.

Foto: Todo Arte en Picasaweb

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