Herbert George Wells y los límites de la Ciencia

A finales del siglo XIX, las filosofías positivistas y los avances científicos hicieron creer al hombre que la ciencia no tenía límite y que era capaz de explicarlo todo. Incluso nació un género narrativo nuevo: la ciencia-ficción. Pero pronto se alzaron voces en contra, que propugnaban que la experimentación debía estar frenada por la ética. Esto es lo que plantea Herbert George Wells en ‘El hombre invisible’, en el que un científico rebasa esos límites con lamentables consecuencias incluso para su persona.

Hubo un tiempo en que se creía que la Ciencia sería capaz de explicarlo todo. Esta etapa materialista se desarrolla a finales del siglo XIX. La filosofía positivista imperante y los grandes descubrimientos alcanzados en esa época llevaron a considerar que todas las circunstancias de la Naturaleza tenían una justificación científica y que tan sólo era cuestión de tiempo que el hombre pudiera comprenderlas.

Una portada de la obra

Una portada de la obra

Ello favoreció el desarrollo de un nuevo género novelístico: la narrativa de ciencia ficción, en la cual los hechos más fantásticos hallaban cabida. Desde viajes a través del tiempo hasta invasiones extraterrestres, pasando por toda clase de avances técnicos o biológicos, pueden encontrarse en sus páginas.

Pero estos excesos llevaron igualmente a algunos escritores a plantearse una cuestión inevitable: ¿dónde se hallan los límites éticos de la Ciencia?, es decir, a defender que los avances científicos son muy positivos pero no todo es aceptable en ellos, sino que la investigación debe estar presidida por unos límites que preserven la dignidad humana.

Uno de los precursores de la narrativa de ciencia-ficción y, a la vez, de quiénes primero reflexionaron en sus obras acerca de estas fronteras éticas fue el británico Herbert George Wells (Bromley, Kent, 1866-1946), hombre dotado de portentosa imaginación, a la que añadía amplios conocimientos científicos apreciables en sus narraciones y ensayos.


La novelística de Wells especula con todo tipo de avances futuristas. Desde los viajes en el tiempo –La máquina del tiempo se titula precisamente una de sus obras- hasta una rudimentaria experimentación genética –La isla del doctor Moreau-, pasando por hipótesis sobre sociedades futuras o invasiones extraterrestres –La guerra de los mundos-.

Una ilustración de la novela

Una ilustración de la novela

Pero Wells participa también en el debate que mencionábamos anteriormente acerca de los límites de la Ciencia. Así podemos verlo en El hombre invisible, publicada en 1897, que nos muestra a un científico que, al modo de un doctor Jekill, lleva la experimentación con su propio cuerpo demasiado lejos con funestas consecuencias. Griffin, que así se llama el protagonista, tras acabar la universidad y movido por una ambición de gloria desmedida, comienza a desarrollar un experimento para hacer invisibles a las personas. Prueba sus estudios en el gato de la vecina y, al comprobar su éxito, decide experimentar consigo mismo. Los resultados serán aterradores.

Por tanto, la disyuntiva que ofrece la obra es muy clara: se debe permitir todo en la investigación científica o, por el contrario, ésta debe estar presidida por unos límites que impidan resultados funestos para el ser humano y su dignidad. La pregunta queda así planteada y, por otra parte, no puede estar más de actualidad.

Podeis leer la obra aquí.

Fotos: Portada de la obra: Bermoraca en Flickr | Ilustración: Cod_gabriel en Flickr

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