La guerra de los Mundos, de H.G. Wells

Herbert George Wells escribió La Guerra de los Mundos en 1898 como una crítica al imperialismo británico, aunque su novela le llevó mucho más allá, llegándose a convertir en una de las obras cumbre de la ciencia ficción con una gran influencia posterior en la cultura popular. No es la primera vez que los terrícolas entran en contacto con seres de otro planeta… pero sí es cierto que H.G. Wells fue el único que se atrevió a concebir a esos extraterrestres como seres superiores técnicamente. Recordemos que en la época, Inglaterra se encontraba en pleno periodo victoriano como un flamante imperio colonial que acercaba al progreso a los países que conquistaba… o al menos eso pensaban ellos. En la mente de sus escritores, por lo tanto, no cabía una civilización mejor que la presente.

Escena de la adaptación cinematográfica de Steven Spielberg.

Wells, izquierdista convencido y muy crítico con la política colonial de su país, decide componer La Guerra de los Mundos como una metáfora sobre los abusos de la sociedad victoriana en las naciones de ultramar. La ciencia ficción parece ser la horma del zapato que necesitaba esta historia, pues nos encontramos en un momento de la historia donde el progreso parece haber llegado a unos límites inimaginables: la revolución industrial se encuentra asentada, la revolución tecnológica hace que nos creamos los más fuertes, y la sociedad del consumo empieza su andadura. Frente a ello, H.G. Wells decide contraponer a la especie humana con los marcianos, superiores en todos los aspectos. La humillación y el trauma sufrido por los terrícolas durante las dos semanas de invasión son el reflejo de cómo se sienten las naciones colonizadas por las ansias de imperialismo británico.

El protagonista de La Guerra de los Mundos no es un personaje concreto, aunque sí hay un narrador de los hechos del que, sin embargo, no se nos ofrecen rasgos psicológicos. En realidad, y dada la fría focalización sobre los personajes, podríamos pensar que la verdadera protagonista de esta historia no es otra que la Humanidad en su conjunto. «Somos tan grandes apóstoles de misericordia que tengamos derecho a quejarnos porque los marcianos combatieran con ese mismo espíritu?» afirma en un momento dado el autor en la novela, haciendo referencia a que las críticas que podamos dirigir a los marcianos son las mismas que podemos reprocharnos a nosotros mismos.

Es precisamente por ello por lo que, pese a que Wells haga referencia a un periodo concreto y una sociedad en particular, La Guerra de los Mundos se convierte en una suerte de metáfora universalista donde el ser humano, su destino y sus miserias se sitúan en el centro.

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