‘La raza venidera’, de Edgard Bulwer Lytton

En el siglo XIX era frecuente que los políticos fuesen, además, literatos. Uno de ellos fue el inglés Edward Bulwer Lytton, autor de la novela histórica ‘Los últimos días de Pompeya’. Pero Lytton, aparte de la Historia, tenía otras aficiones. Fue miembro de sociedades esotéricas y, a causa de ello, algunos vieron en su relato ‘La raza venidera’ un mensaje críptico que sólo podrían desvelar los iniciados y que daba a conocer el futuro de la Humanidad.

En los años intermedios del siglo XIX, cuando el Romanticismo regía las corrientes literarias, era muy frecuente que los políticos –seguramente más versados en letras que los de hoy- fuesen también escritores. La lista sería interminable, pero, por citar dos ejemplos, hablaremos del español Alcalá Galiano y el inglés Benjamín Disraeli.

Una portada de la obra

Una portada de la obra

Éste fue, igualmente, el caso de Edgard Bulwer Lytton (Londres, 1803-1873), primer Barón de Lytton, que fue parlamentario en la Cámara de los Comunes británica durante nueve años y Secretario de Estado para las Colonias, además de estimable escritor. Quizá su obra más recordada sea la novela histórica ‘Los últimos días de Pompeya’, sobre la desaparición de aquella ciudad romana y que fue llevada hace unos años a la televisión.

Pero Lytton era aficionado a otras cosas, aparte de a la Historia. Fue miembro de varias sociedades esotéricas y de los Rosacruces y también plasmó estas inquietudes en sus obras literarias, por ejemplo, en la novela ‘Zanoni’ y en el cuento ‘La casa de los espíritus’, relatos un tanto macabros que contaron con la aprobación del mismísimo Lovecraft.

‘La raza venidera’, por su parte, es una incursión en la narrativa fantástica. Un joven estadounidense es conducido por un ingeniero de minas a un mundo subterráneo, habitado por una extraña civilización, los ‘Vril-Ya’, fuertes –son seres casi perfectos- y avanzados, gracias a que poseen un misterioso poder, también denominado ‘Vril’. El protagonista permanecerá allí una temporada.


La obra no pasaría de ser una novela más de ciencia ficción si no fuera por los gustos esotéricos de su autor y porque, unos pocos años después de su publicación, se constituyó en Alemania una denominada ‘Sociedad Vril’ que tomó como su libro de cabecera está obra, ya que consideraban que encerraba un mensaje oculto que afectaría al futuro de la Humanidad. Pensaban que esa raza subterránea existía realmente y, en un futuro no muy lejano, saldría a la superficie para guiar al común de los mortales hacia una forma de sociedad acorde con su modo de vida.

Asímismo, veían en ella ideas como el darwinismo social –sólo los más fuertes sobreviven en la sociedad- y la exaltación de una raza superior, del superhombre de Nietzsche.

La Cámara de los Comunes en el siglo XIX

La Cámara de los Comunes en el siglo XIX

Esta sociedad –cuyo símbolo era una esvástica-, al parecer, tuvo cierto influjo en los primeros nazis. Todos ellos la consideraban una obra para iniciados, para aquellos elegidos que debían preparar el camino a la llegada de la civilización subterránea.

La novela, por tanto, posee únicamente, este interés documental, pues su estilo anacrónico y excesivamente amanerado coincide poco con los gustos literarios vigentes a día de hoy.

Fotos: Portada: Maidenindigo en Wikipedia | Cámara de los Comunes: Merchbow en Wikimedia

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