‘La sequía’, de J. G. Ballard

Una magnífica novela que combina la ciencia ficción de mayor calidad con un hondo sentido ecológico.

Suelo arido en Bolivia

La narrativa de ciencia ficción vive su periodo áureo en los años centrales del siglo XX. Es entonces cuando empiezan a publicar autores como Isaac Asimov, Arthur C. Clarke o J. R. R. Tolkien. Y, siguiendo su estela, un poco después, Poul Anderson, Ray Bradbury, Frank Herbert, Philip K. Dick y otros muchos. Así, llegamos a los años sesenta con la irrupción de la llamada “nueva ola”, un grupo de autores cuyas temáticas se centran menos en civilizaciones extraterrestres o humanoides para preocuparse más de asuntos como la conciencia individual y los valores éticos.

En esta última etapa inicia su carrera literaria James Graham Ballard (Shanghái, 1930-2009), novelista que a su fértil imaginación y originalidad añade una muy estimable calidad literaria.

Tras vivir buena parte de la Segunda Guerra Mundial internado junto a sus padres en un campo de concentración japonés, la familia regresó a Gran Bretaña. Más tarde relataría esta dura experiencia en ‘El imperio del sol’, obra llevada al cine por Steven Spielberg. Inició estudios de Medicina pero nunca los acabó. En cambio, desempeño distintos trabajos hasta llegar a la subdirección de una revista científica. Sus primeros relatos breves aparecieron en los años cincuenta pero sería en la década siguiente cuando publicase su primera novela: ‘El mundo sumergido’ (1962), de una absoluta modernidad, ya que especula sobre los efectos de un calentamiento global que derrite los casquetes polares.

Esta preocupación por el medio ambiente es habitual en sus obras y confiere a Ballard, en una época en que el ecologismo se hallaba en embrión, una enorme originalidad. A idénticas inquietudes responde ‘La sequía’, publicada en 1965. Los residuos industriales han contaminado los océanos impidiendo la evaporación. En consecuencia, no llueve y el mundo vive una brutal escasez de agua potable. Con ello, la agricultura ha dejado prácticamente de existir provocando un cataclismo que anuncia el fin de la civilización.

En este contexto, se producen grandes migraciones de población a las zonas costeras en busca de agua. Sin embargo, Ramson, el protagonista, pasa sus días cerca de un río que aún parece aprovechable. Más que en la catástrofe en sí, Ballard se centra en los sentimientos que ésta provoca en los personajes y, además, dota a su novela de una indiscutible altura literaria. ‘La sequía’ pertenece a un subgrupo dentro de su obra que podríamos calificar de “ecologista”. Además de ésta, forman parte de él ‘El viento de la nada’, ‘El mundo sumergido’ y ‘El mundo de cristal’, en las que la catástrofe para el género humano es causada, respectivamente, por cada uno de los elementos: la tierra, el fuego, el viento y el agua.

Fuente: Web dedicada a Ballard.

Foto: Carlos Adampol.

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