“La vida de los clones”, de Miguel Espigado

Miguel Espigado, escritor salmantino nacido en 1981, experto y estudioso literato, nos regala en su última novela, “La vida de los clones”, un creativo y atrayente relato ficticio, capaz de suscitar preguntas que afectan, más de lo que se pueda pensar el devenir cotidiano de nuestras sociedades.

La vida de los clones

Puede ser sencillo describir la novela “La vida de los clones”, pero no resulta fácil definir la última obra de Miguel Espigado, Miguel Espigado, escritor salmantino nacido en 1981, licenciado en Teoría de la Literatura por la Universidad de Granada, y licenciado en Hispánicas y doctor en Análisis Textual por la Universidad de Salamanca.

Porque su relato es una especie de fabula a camino entre la novela satírica “Rebelión en la granja” de George Orwell y la película “Yo, Robot” basada en algunos libros de Isaac Asimov, o de libros inspirados en él. Y digo que está a camino porque detrás de lo que cuenta Espigado, se abre un amplio espacio para la reflexión.

Ingeniería genética para dar vida a los personales de “La vida de los clones”

En “La vida de los clones”, las protagonistas no son gallinas, ni tampoco robots humanoides, sino unas mascotas, mezcla de ambos, que han hecho posibles las nuevas tecnologías de ingeniería genética.

Se trata de seres fantásticos, pensantes, creados al gusto de cada cual, una especie de muñecos de peluche multicolor que habitan el planeta junto al resto de seres vivos: gatoides, androperros, sirenas, megatritones, personajes mitológicos o dibujos animados vivientes para disfrute de niños y adultos. Esclavos, en definitiva, de las necesidades ajenas, obedientes como perritos cariñosos y con una eterna sonrisa marca de la empresa que se encarga de su fabricación y se enriquece a su costa.

Porque clones hay para todos los bolsillos: desde ejemplares básicos muy comunes, hasta creaciones únicas, caprichos especiales de las superestrellas del momento. Pero casi todos terminan corriendo la misma suerte: el abandono por parte de sus dueños, que fallecen, se aburren de ellos o los sustituyen por otros.

Sin embargo, miles de estás criaturas que fueron expulsadas de países como Estados Unidos o Japón terminaron en los campos de refugiados de Burmodia, un país tropical devastado por treinta años de guerra. Allí aprendieron a sobrevivir por su cuenta, a desarrollar un instinto de supervivencia.

Se organizaron en forma de sociedades clon autónomas e independientes de las humanas en busca de su propia identidad. Así se produjo la emancipación clon. En ese momento arranca la gran aventura de Prima, una extravagante mascota, principal protagonista de la novela. Y empieza también el contraste, la fábula y las preguntas: ¿Cómo sería el día a día con ellos, los clones, o con los emigrantes que proceden de otras culturas y países? ¿Qué relaciones afectivas se podrán establecer? ¿Se los podrá querer como a un hijo, a un hermano, a un amante? ¿Será amor verdadero o solo de usar y divertirse un rato con ellos?

¿Cómo sobreviven o sobremueren los desplazados que se hacinan en campos de refugiados de los que la sociedad casi ni se acuerda? ¿Se organizarán o quedarán reducidos a la mendicidad perpetua o a simple atracción turística? ¿Influirá su existencia, sean acogidos o no, en el devenir político e institucional del resto de los pueblos?

Bienvenido sea cualquier relato capaz de suscitar preguntas. Algunas de ellas necesitan respuestas urgentes, otras seguirán resonando mientras existan humanos sobre la tierra, o prevalezcan las mascotas de Espigado, recuerdo de la experiencia excluyente que soportan las minorías culturales.

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