Los Amantes, Philip José Farmer

Los Amantes es una de esas joyas de la ciencia ficción que con el transcurso de los años ha ido pasando inadvertida, hasta quedar en un estado prácticamente descatalogado y sin mayores esperanzas de que resurja en fechas próximas.

Escrita por Philip José Farmer (1918- ) en 1952, ganó justamente un premio Hugo del año siguiente y catapultó al autor hasta convertirse en un indispensable del género en épocas posteriores.

En el siglo 31, en una sociedad totalitaria (de una tiranía y un despotismo similar al mostrado por George Orwell en su novela 1984), en donde la libertad de pensamiento y en concreto de religión están absolutamente prohibidos, el lingüista Hal Yarrow viaja, en una misión expeditiva, al planeta Ozagen. En el viaje, de intención colonizadora, Yarrow conoce a la nativa Jeannette, que parece estar en peligro, ya que el planeta no es tan tranquilo como parece. Se enamora de ella aun a sabiendas de lo que eso significa en su mundo, donde su jefe directo, Pornsen, le vigila en todos los aspectos de su vida para controlar que Yarrow sigue a rajatabla los rigurosísimos aforismos de la religión implantada.

Con un ritmo frenético y un estilo elegante pero carente de barroquismos literarios, Farmer supo construir con Los Amantes una novela que ciertamente engancha al lector, aunque el universo propuesto para la novela no es ni especialmente atractivo ni minuciosamente creado. La mayor virtud del autor es que con pocos pero efectivos detalles construye un argumento sencillo, con diálogos claros y realistas que pretenden eclipsar las lagunas narrativas que van apareciendo a lo largo de las páginas de este libro.


Por lo que he podido informarme, en su momento tuvo cierta polémica, por la presunta explicitud de los pasajes sexuales entre Yarrow y Jeannette. La relación afectiva-amorosa-sexual de los protagonistas es al principio secundaria, siendo más importante el deseo de Yarrow de librarse de Pornsen una vez han llegado a Ozagen. Poco a poco va tornándose en el eje central de la novela, llegando a un clímax muy conseguido, que logra mejorar el argumento notablemente, con un final sorpresivo muy adecuado, acorde con el espíritu que sugiere el relato.

Conceptos como el de agpt o el Precursor Sigmen son imborrables para cualquiera que haya leído Los Amantes con interés, lo cual es altamente probable. Leer esta novela es leer ciencia-ficción de un modo que seguramente resulta nuevo, cercano al estilo de Roger Zelazny, aunque sin llegar a cotas de originalidad como las de Philip K. Dick o Ray Bradbury.

Es ciencia-ficción convencional, en resumen, pero de lectura muy agradable y de gran relevancia en el género, si bien la historia en sí es muy estimable.

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