Solaris, Stanislaw Lem

Solaris es una brillante novela del polaco Stanislaw Lem, uno de los escritores más lúcidos e importantes de la literatura del siglo XX. Aunque sean más relevantes las novelas Diarios de las Estrellas o Ciberiada (protagonizadas por el inolvidable Ijon Tichy), Solaris es la más conocida por las adaptaciones al cine que ha conocido. Por un lado, la absoluta obra maestra de Andrei Tarkovski, que ganó la Palma de Oro en Cannes en 1972, y enriquece y complementa la historia; por otro, la versión de 2002, de Steven Soderbergh, un auténtico somnífero al servicio del mediático actor George Clooney.

La trama, del viaje del científico Kris Kelvin a un planeta oceánico llamado Solaris, recuerda por momentos al relato “La Tercera Expedición”, perteneciente a Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury. Ambos tienen en común que toman una concepción distinta del espacio: un espejo del ser humano, que toma sus emociones, sus sentimientos y sus recuerdos de una forma incomprensible, superior y desconocida. De esta forma, Kelvin, a bordo de la nave que orbita alrededor de Solaris, parte de un escepticismo por los efectos que puede provocar el océano sobre la nave, pero a medida que va viendo cómo éste penetra en las mentes de los compañeros de tripulación, va cambiando su perspectiva, hasta la gran sorpresa: su mujer Harey, que se suicidó hace años, revive de forma milagrosa en el interior de la nave, pudiendo Kelvin y Harey retomar su relación amorosa.

El estilo de Lem en esta novela es denso pero bastante logrado, aunque a veces se hace monótono y aburrido, sobretodo en las lecturas de Kelvin sobre la solarística (ciencia que estudia el planeta Solaris), que demuestran fluidez narrativa de su autor pero cae en cierta pedantería y toma pretensiones pseudocientíficas innecesarias.

Sin duda, una abrumadora reflexión sobre la escasa preparación que tiene el ser humano para conocer otros mundos, sobretodo por los límites conceptuales de nuestro cerebro, que puede entender ampliamente ciertos aspectos del universo pero otros se le hacen tremendamente confusos e inalcanzables. Su final abierto es muy acertado, y sin duda fue una gran puerta para que la película de Tarkovski tuviera ese final tan estremecedor, que recoge la esencia de la incertidumbre que posee Solaris y todo lo que lo rodea.

Solaris de Stanislaw Lem es, en definitiva, un elemento importante de la ciencia ficción del siglo XX, y tuvo merecidos reconocimientos por una gran parte de los novelistas de ciencia-ficción coetáneos, como Philip K. Dick y Ursula K. LeGuin.

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