‘¡Adiós, Cordera!’, de Leopoldo Alas Clarín

Leopoldo Alas, “Clarín”, no es autor de una obra muy extensa. Artículos de crítica literaria, una obra teatral -‘Teresa’-, dos novelas -‘La Regenta’ y ‘Su único hijo’- y varios cuentos y relatos breves. Debe su fama a la inmortal Regenta, pero es indudable que muchas de las cualidades que esta narración presenta se encuentran ya en sus extraordinarios cuentos, de entre los cuales, quizá, el más popular sea ‘¡Adiós, Cordera!’, conmovedora historia que cuenta la relación que unos niños tienen con la vaca de su padre, a la cual el autor presenta como una persona.

La extraordinaria narrativa española del siglo XIX se compone, junto a novelas universales que se hallan entre las mejores de la historia de la literatura, de otro género algo más olvidado, pero en el que podemos encontrar también verdaderas obras maestras: el cuento.

Prácticamente todos los autores de la época cultivaron la narrativa breve y uno de los más destacados fue, sin duda, Leopoldo Alas Ureña, “Clarín” (Zamora, 1852-1901). En efecto, sus cuentos son verdaderas joyas literarias que han llevado a algunos críticos a situarlos incluso por encima de su Regenta, lo cual nos parece discutible, dada la enorme calidad de esta obra. Pero lo que es indudable es que pocos narradores han sabido condensar en ese sencillo – que no fácil- género creaciones tan extraordinarias.

En ese contexto debemos situar ‘¡Adiós Cordera!’, sencillo relato que nos presenta la unión de dos niños con la vaca que posee su padre. Pero, bajo esa simplicidad aparente –no nos debemos engañar-, subyace una lacerante crítica social: de la situación de los arrendatarios de tierras, que se ven obligados a vender lo poco que tienen –en este caso, la vaca- para no ser desahuciados, e incluso de la guerra, vista como un mal fruto de la avaricia de los gobernantes y que aniquila a la juventud.

Así, podemos identificar en este relato lo que podríamos llamar dos planos: el primero se halla constituido por la relación de los dos hermanos, Rosa y Pinín, con la Cordera, narración llena de ternura, en la que el animal aparece personificado, como un miembro más de la familia, todo ello dentro de un paisaje asturiano con resonancias arcádicas que el progreso –el ferrocarril, el telégrafo- comienzan a cambiar.

El segundo, en cambio, es mucho más cruel. Es la evidencia de una sociedad en la que el humilde lleva siempre las de perder: el colono que trabaja la tierra y cría ganado se ve agobiado por el propietario y los jóvenes deben ir a la guerra, a una guerra que no saben por qué ni para qué es, en buena lógica, ya que sólo es producto de la codicia de unos gobernantes ineptos. Y, en este sentido Clarín, muy inteligentemente, no nos dice a que guerra se envía a Pinín, porque lo que desea es criticar, no una guerra, sino todas ellas; critica a la guerra en sí misma como una perversión de la sociedad.

Estos dos planos se intercalan pero también son independientes, de tal modo que el relato puede ser leído por los niños, que verán en él un ejemplo de la nobleza de sentimientos de unos chiquillos como ellos, y también por los adultos, que, además de esto, que nunca viene mal, podremos profundizar en esos otros mensajes.

Y, para que la píldora sea más fácil de digerir, nos lo dice en un lenguaje lleno de suavidad y ternura y a través de la relación de unos niños con el animal que cuidan.

Lectura de la obra | ‘¡Adiós, Cordera!’ en Wikisource

Fotos: Leopoldo Alas: Museo8bits en Wikipedia | Edificio Histórico de la Univ. de Oviedo: Sitomon en Wikipedia

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