Colmillo Blanco, de Jack London

Colmillo Blanco es un ejemplar nacido de perra y lobo, un mestizo cuya vida basculará entre las ansias de domesticación de su madre y la naturaleza salvaje de su padre. Esta dicotomía inicial, la de la doble identidad del protagonista, se encuentra en la base de un clásico de la literatura juvenil, como un enunciado que nos lleva de la mano hacía muchas de las contradicciones propias de ese nuevo mundo en ciernes que es la nación estadounidense. Salvajismo y civilización, esclavitud y libertad, naturaleza y sociedad… pares antitéticos que se niegan pero con los que el hombre (y sus animales) deben convivir. Elegir un lado u otro es, al fin y al cabo, una cuestión de supervivencia.

Lobo del Highland Wildlife Park, en Escocia.

Colmillo Blanco se publicaría en 1906 a manos de Jack London, siguiendo la estela de La llamada de lo salvaje (1903), donde el protagonista, Buck, es un perro que decide seguir su propio instinto e ir a vivir entre lobos. En el caso de Colmillo, la operación se produce a la inversa. Nacido en libertad y bajo las presiones de un mundo salvaje en continua amenaza, éste no entenderá por qué su madre decide abandonar la libertad para someterse a la domesticación de los indios. El propio Colmillo, pese a él, pasará a ser custodiado por el indio Nutria Gris, con el que mantiene una relación ambivalente, marcada por el carácter del ser humano, capaz de lo mejor y de lo peor.

Cuando llega la época de hambruna, Colmillo Blanco deberá huir por miedo a ser devorado por la tribu, aunque posteriormente volverá al poblado demostrando la fidelidad que acompaña toda domesticación. La jugada no le saldrá del todo bien, pues Nutria Gris lo venderá a un pendenciero cruel apodado «Smith el bonito», que le obligará a participar en peleas de perros, esclavizándolo y torturándolo. De nuevo, Colmillo Blanco queda a merced de la voluntad del ser humano. Gracias a la intervención de Weedon Scott, que lo salvará después de que éste se encuentre al borde de la muerte al haber perdido una pelea con un pitbull, el perro-lobo consigue sobrevivir. Con Scott, Colmillo encontrará el sosiego y el amor que nunca tuvo.

Jack London compone un relato en el que el protagonista es un perro-lobo, un superviviente cuya vida y recorrido queda ligado irremediablemente al destino y la voluntad de los hombres, padres de una civilización joven que se ha erigido sobre los cimientos de la violencia y de la fe. De nuevo, volvemos a mencionar esa dicotomía tan propia  a la obra de Jack London y que en Colmillo Blanco se muestra en todo su esplendor. Todo un clásico juvenil que puede ayudar a entender de manera concreta y sencilla los grandes dilemas abstractos del mundo moderno.

Fuente: Pedablogia

Foto por Fremlin en Flickr

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