‘Escuadra hacia la muerte’, de Alfonso Sastre

Como sucedió en otros géneros literarios, el teatro español de posguerra tiene un marcado componente existencial. La tragedia vivida no podía dar lugar a otra cosa. Dos obras inauguran el género: ‘Historia de una escalera’ (1949), de Buero Vallejo, y ‘Escuadra hacia la muerte’ (1953), de Alfonso Sastre. La segunda es, además de una interrogación acerca del sentido de la existencia humana, un alegato antibelicista en plena ‘Guerra fría’.

El teatro español, tras la Guerra Civil, se encuentra en una situación similar a los demás géneros literarios. Algunos autores han muerto, otros están en el exilio y los que permanecen en España –tras el impacto del conflicto bélico- parecen paralizados para la literatura.

Portada de una edición de 'Escuadra hacia la muerte'

Portada de una edición de 'Escuadra hacia la muerte'

En estas circunstancias, predominan las traducciones extranjeras de obras de diversión, sin mayor transcendencia. Pero, poco a poco, la creación propia se va activando, en un principio con comedias de situación que buscan distraer al público o con obras humorísticas.

Habrá que esperar a los años finales de la década de los cuarenta para asistir a la aparición de un teatro diferente, que revitaliza la tragedia. Dos fechas son fundamentales en el nacimiento de este ‘nuevo’ drama: 1949, año de estreno de ‘Historia de una escalera’, de Antonio Buero Vallejo, y 1953, en que aparece ‘Escuadra hacia la muerte’, de Alfonso Sastre. Se trata de un tipo de tragedia existencial, que –en la línea de lo que está sucediendo en otros países y otros géneros- se pregunta por el sentido de la existencia humana.

Alfonso Sastre (Madrid, 1926) es, por tanto una de las primeras figuras que surge en el panorama teatral de posguerra. Y, desde entonces, ha seguido proporcionando obras a la escena que, al igual que en el caso de Buero, muestran una constante renovación en sus técnicas dramáticas, sin renunciar por ello a sus principios trágicos. Junto a la obra que nos ocupa, cabe citar, entre su amplia producción, ‘El pan de todos’, ‘Guillermo Tell tiene los ojos tristes’, ‘Muerte en el barrio’, ‘La cornada’, ‘En la red’ o ‘La mordaza’.

Pero, además de dramaturgo, Sastre es un teórico del teatro y, en este sentido, su contribución a renovar los esquemas dramáticos del mismo es enorme, tanto mediante la publicación de revistas como a través de los grupos de teatro independientes, que representaban obras de autores marginales, cuyas producciones difícilmente tenían cabida en los teatros importantes.

Escuadra de soldados en avanzadilla

Escuadra de soldados en avanzadilla

‘Escuadra hacia la muerte’ (1953) es, según palabras de su propio autor, ‘el comienzo definitivo de su vida de autor teatral’ y se desarrolla durante una supuesta Tercera Guerra Mundial. En ella nos encontramos con un destacamento formado por el cabo Gobán y cinco soldados que, como castigo, han sido enviados en avanzadilla a una caseta para avisar a su retaguardia cuando ataque el enemigo. Con toda probabilidad, cuando esto se produzca, ellos morirán.

Todos tienen un pasado oscuro, por cuyas culpas han sido enviados allí. Por ello, todos reflexionan sobre lo que han hecho. En principio, mantienen la disciplina militar, pero, a medida que pasa el tiempo, ésta va desapareciendo, hasta que, durante una borrachera, asesinan al cabo.

El conflicto se produce por una razón evidente: para Gobán, la misión es que sus hombres sepan morir como valientes, pues es la única salida que les queda. Pero para los soldados, carentes de la mística militar, el objetivo es intentar sobrevivir y el mando es su obstáculo, con su autoridad. Por ello, lo asesinan.

Soldado vigilando

Soldado vigilando

Pero entonces comienza el verdadero drama para ellos: ponerse de acuerdo para eliminar el impedimento ha sido fácil, pero ahora, de forma individual, deben gestionar su propia libertad. Saben que, si regresan con los suyos, serán fusilados y, ante esta perspectiva, cada uno de ellos tomará una decisión diferente: Pedro asumirá su culpa y estará dispuesto a entregarse; Andrés y Adolfo huirán; Javier, el intelectual, se suicidará, pues cree que el asesinato es fruto de una trampa prevista por los superiores, que les han puesto en esa situación; por último, Luis, que por azar no ha participado en el crimen, optará por la peor de las condenas: seguir con su vida. La tragedia existencial no puede estar más clara, para el autor: vivir es cumplir una condena a más largo o más corto plazo, sin saber por qué ni para qué.

Por tanto, al margen de argumentos anecdóticos, la intención del autor es enfrentar al hombre con la vida: qué sentido tiene ésta es la gran pregunta para él.

Pero, fuera de criterios filosóficos, la obra, escrita en plena ‘guerra fría’, es también –como ha reconocido el propio Sastre- un alegato furibundo contra la perspectiva de una nueva guerra mundial, ‘una negación de la validez de las grandes palabras con que en la guerra se camufla el horror; una negación del heroísmo y de toda mística de la muerte….Mi obra es también un examen de conciencia de una generación de dirigentes que parecía dispuesta, en el silencioso clamor de la ‘guerra fría’, a conducirnos al matadero. El matadero, para mí, era el absurdo’.

El dramaturgo madrileño, cuya tragedia parte, como todas, de los conceptos aristotélicos, se aleja –a nuestro juicio- de éstos, pues, si para el griego el objeto de aquella era la catarsis o purificación, es decir una experiencia que alentase nuestra esperanza vital, para Sastre no existe tal esperanza, la vida no tiene sentido. No obstante, esto es así en las obras de este periodo, puesto que, posteriormente –en su etapa de teatro social-realista-, esta visión se suavizará, dando cabida al optimismo y la esperanza.

En este sentido, podemos decir que Sastre es, junto a Buero, el gran trágico del teatro español contemporáneo. Para él, la tragedia es el único género que muestra la realidad profunda de la existencia humana, ya que, al poner a los personajes –y con ellos al espectador- en situaciones límite, desaparece la superficialidad y las apariencias y el hombre se muestra tal como es.

El Teatro Real de Madrid, gran coliseo dramático

El Teatro Real de Madrid, gran coliseo dramático

Formalmente, la obra está dividida en dos partes de seis cuadros cada una, que es su representación se separan mediante la técnica del ‘oscuro’ (apagar las luces sobre el escenario), y es una tragedia ‘cerrada’, pues no deja salida. La técnica del dramaturgo es magistral y, progresivamente, nos va conduciendo al momento culminante de la acción, que es –a nuestro juicio- el asesinato del cabo, para posteriormente ir descendiendo a través de la verdadera tragedia: la falta de salida de los personajes.

Sin duda nos encontramos ante un dramaturgo de cualidades extraordinarias y ante una obra magistral como tragedia. Es una pena que la persona no esté a la altura del personaje.

Fotos: Portada de la obra: tomada de Amazon | Escuadra en avanzadilla: Gavin.C en Wikimedia | Soldado vigilando: Semnoz en Wikimedia | Teatro Real: Zaqarbal en Wikipedia

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