‘Esperando a Godot’, de Samuel Beckett

Tras la Segunda Guerra Mundial y su devastación abrumadora, el ser humano que moralmente destrozado, ante tal barbaridad. De ahí surge el Existencialismo que, inmediatamente, pasa a la literatura. En el teatro, su máxima muestra es, probablemente, el teatro del ‘absurdo’, fundado por Ionesco y Beckett, que trata de plasmar el sin sentido de la existencia humana. Una de las mejores obras de esta corriente es ‘Esperando a Godot’, del segundo de los autores citados y que analizamos en este artículo.

Samuel Beckett

Samuel Beckett

La Segunda Guerra Mundial produjo una hondísima sacudida en los espíritus. Aquella masacre unútil hizo tambalearse las convicciones y la fe en el Hombre de muchos intelectuales.

Consecuencia de ello fue la aparición del pensamiento existencialista o Existencialismo, el cual -desde una perspectiva atea o creyente- se preguntaba sobre el destino del hombre, al que se veía como una criatura absurda en un mundo sin sentido.

Esta filosofía transcendió inmediatamente a la literatura y, en el terreno teatral, se combinó con las corrientes renovadoras que ya venían introduciéndose.

Así, una de los primeros frutos de la amalgama de Existencialismo y experimentación fue el teatro del ‘absurdo’, cuyo primer exponente fue ‘La cantante calva’ (1950), del francés  Eugéne Ionesco. Este teatro proponía una visión de la realidad como algo sin sentido -de ahí el calificativo de ‘absurdo’-, en la que la vida humana se desarrollaba carente de significado y finalidad.

Tras la obra de Ionesco, apareció ‘Esperando a Godot’, del dramaturgo irlandés Samuel Beckett (Dublín,1906-1989), que constituye una de las obras maestras del teatro contemporáneo y es, en gran medida, culpable del Premio Nóbel otorgadoa su autor.

En ella, que se divide en dos actos, aparecen dos personajes -aparentemente vagabundos-, Vladimir y Estragon que esperan inútilmente junto a un camino a Godot. El público nunca llega a saber quién es éste ni que tipo de asunto han de tratar con él y, por supuesto, nunca aparece. Mientras esperan, los dos hombres hablan, hacen juegos circenses, proyectan suicidarse, etc. También se encuentran en cada acto con el tirano Pozzo y su esclavo Lucky (‘afortunado’ en inglés). Igualmente, aparece un muchacho que avisa a los protagonistas de que Godot no vendrá hoy, pero ‘mañana seguro que sí’.

'Dos hombres frente a la Luna', inspiradora de la obra de Beckett

'Dos hombres frente a la Luna', inspiradora de la obra de Beckett

Pero todo este argumento, aparentemente sin sentido, revela la mísera condición de estos personajes, su vacío vital y, en definitiva, su desesperanza. En suma, toda la obra es una angustiosa serie de interrogantes sobre el sentido de la vida y la necesidad de esperar –una espera que siempre será en vano-. En este sentido, existe una teoría crítica que interpreta a Godot como ‘God’, ‘Dios’ en inglés, pero ésta ha sido rebatida por el propio Beckett.

Es, por tanto, un drama magistral, para cuya lectura o visión en un escenario, debemos ir preparados, tanto por su contenido simbólico, que no resulta fácil de comprender para el espectador no avisado, como por la dureza de su tesis central.

Fotos: Samuel Beckett: Claudio Elias en Wikipedia | ‘Dos hombres frente a la luna': Augiasstallputzer en Wikipedia

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