Greguerías ilustradas de Gómez de la Serna

El Patito Editorial publica una selección de estas ingeniosas sentencias del escritor madrileño acompañadas con dibujos de David Vela.

Gómez de la Serna

En el periodo que se extiende entre la Generación del Noventa y ocho de los Maeztu, Baroja o Azorín y la del Veintisiete de los Cernuda, Lorca, Aleixandre o Dámaso Alonso, hay dos figuras que dominan el panorama literario español: José Ortega y Gasset en lo teórico como defensor del intelectualismo y Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 1888-1963) en lo práctico. Ambos son las grandes personalidades de la llamada Generación de 1914 y de la etapa conocida como Novecentismo.

Se cumplen ahora, por tanto, cincuenta años desde la muerte de éste último, cuya popularidad fue tanta en su tiempo que se le llegó a conocer como “Ramón” a secas, especialmente por sus charlas radiofónicas desde los micrófonos de Unión Radio y por las conferencias que impartía tanto en España como en Hispanoamérica.

Provocador nato, a veces las pronunciaba vestido de torero, otras a lomos de un elefante. Y es que Gómez de la Serna encarna como nadie el espíritu de las vanguardias de principios del siglo XX, de las que se convirtió en auténtico factótum hispano. Mítica fue su tertulia literaria en el Café de Pombo, una botillería situada en la madrileña calle Carretas a la que convirtió en su santuario. Como también lo fue su torreón en la de Velázquez, donde vivía y en el que creó un verdadero museo de cosas inútiles. Defensor de un arte nuevo que rompiera con las “formas antiguas”, en sus escritos se hallan rastros del Cubismo, del Surrealismo o del Creacionismo.

Cultivó todos los géneros y en cada uno de ellos dejó su huella personal: novelas como ‘El torero Caracho’, biografías como las dedicadas a Goya o Valle-Inclán, obras teatrales como ‘La utopía’ o ‘Los medios seres’, ensayos como ‘El circo’ -al que era gran aficionado- o ‘El Rastro’ e incluso nos legó unas memorias extraordinarias a las que tituló ‘Automoribundia’.

gomez

Pero, sin duda, su aportación más original a la Literatura son sus greguerías. Precisamente ahora El Patito Editorial nos trae una selección de ellas bellamente ilustradas por el dibujante David Vela y con prólogo de Jesús Rubio Jiménez. La han titulado ‘Ninfas y calaveras y otras elucubraciones de Ramón Gómez de la Serna’ y es que, efectivamente, las greguerías son fruto de su ingenio. Se las ha definido como un apunte breve que encierra una pirueta conceptual o una metáfora insólita y, en este sentido ?como dijo Cernuda-, se hallan emparentadas con el Conceptismo del Siglo de Oro.

Por su parte, Gómez de la Serna la definió como la combinación de humor y metáfora. Escribió una ingente cantidad de ellas y de todos los tipos. Efectivamente, algunas son realmente cómicas (“Las morcillas son chorizos de luto”) pero otras albergan una profunda gravedad (“Hay suspiros que comunican la vida con la muerte”) o un hondo lirismo (“De la nieve caída en el lago nacen los cisnes”). Surgen de la intención de descomponer la realidad al modo que lo hacía el Cubismo en la Pintura y se anticipan a la asociación subconsciente de imágenes que, más tarde, preconizaría el Surrealismo. Pero, sobre todo, nacen de la búsqueda del “álgebra superior de las metáforas” que preconizaba Ortega como principio de la nueva poesía. En cualquier caso, la greguería es una ingeniosa e interesantísima aportación al mundo de la Literatura. Ahora tenemos la oportunidad de disfrutar de la cuidada selección que nos ofrece El Patito Editorial en un trabajo bellamente ilustrado por David Vela, que ha sabido captar la esencia del talento ramoniano.

Fuente: ‘ABC’.

Fotos: Francisco J. González y Phil Whitehouse.

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