‘Jakob von Gunten’, de Robert Walser

Una novela autobiográfica que refleja la peculiar concepción del mundo, de sí mismo y de la literatura del escritor suizo.

Jakob von Gunten

La literatura en lengua alemana vivió a principios del siglo XX una época extraordinaria. Escritores checos como Rilke o Franz Kafka, austríacos como Robert Musil o Stefan Zweig y propiamente germanos como Thomas Mann o Alfred Döblin le confirieron un brillo universal. No obstante, quizá el más peculiar de todos ellos haya que buscarlo en la parte de Suiza que también hablaba el idioma de Goethe.

Se trata de Robert Walser (Biel, 1878-1956), un escritor que parece haber escrito para sí mismo, por una necesidad personal de hacerlo más que por intereses económicos o por deseo de fama. En consecuencia, la lectura de sus obras puede provocar opiniones enfrentadas aunque, indudablemente, era un excelente prosista.

Y es que, a juzgar por sus relatos, casi todos autobiográficos, Walser no se tenía en gran consideración a sí mismo. Anhelaba ser «un magnífico cero a la izquierda», en sus propias palabras, y, en efecto, su vida fue un constante peregrinar entre apuros económicos, que soportaba desempeñando los más diversos trabajos, y la incomprensión de muchos de sus colegas. No todos, pues Max Brod nos ha contado como el propio Kafka acostumbraba a leer sus obras en voz alta y Walter Benjamín y Elías Canetti también se contaban entre sus seguidores. Por si ello fuera poco, terminó sus días en una clínica psiquiátrica de Herisau.

Pero, como decíamos, es en sus novelas donde mejor se aprecia su escasa autoestima. Así ocurre en ‘El bandido’, una curiosa historia en que el narrador despotrica continuamente contra el protagonista, trasunto del propia Walser. Y, sobre todo, en una de sus obras maestras, ‘Jakob von Gunten’, que nos traslada a un peculiar centro educativo -el Instituto Benjamenta- al que el protagonista acude, como sus compañeros, para convertirse en «gente modesta y subordinada», sin ninguna expectativa en la vida.

Sumidos en un mundo onírico tratado con humor, asistimos a la formación del joven Jakob, a su enamoramiento de Fräulein Lisa, hermana del propietario del centro, y a la descripción de sus compañeros, entre los que posee especial relevancia el mediocre Kraus. Pero Jakob, por el contrario, no nos parece una mente gris sino irónicamente lúcida, capaz de reflexionar sobre los más variados asuntos. En suma, podríamos considerar la obra como una novela de aprendizaje (el tan famoso Bildungsroman germano) si no fuera porque resulta tan difícilmente clasificable como imprevisible, fruto de la mente de Walser, un hombre que, donde otros albergan sus ambiciones, tenía tan sólo fantasías poéticas.

Fuente: ‘Lecturas del Rey Mono’.

Foto: Antonia Lobato.

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