La comedia de capa y espada, un espectáculo de masas hace cuatro siglos

¿Qué puede mover a un público mayoritariamente analfabeto a aficionarse casi con fanatismo al teatro? Aunque parezca increible eso sucedió en la España del Siglo de Oro, en buena medida gracias a Lope de Vega y su Comedia Nueva, uno de cuyos géneros más populares era la comedia de capa y espada. Aquí explicamos sus características.

Al igual que los ciudadanos contemporáneos nos reunimos para ver un partido de fútbol o un concierto de un grupo famoso, hace cuatrocientos años, las multitudes se reunían para asistir al teatro. Este hecho puede parecer sorprendente habida cuenta de que la inmensa mayoría de la población española no sabía leer ni escribir pero es rigurosamente cierto a la vista tanto de las crónicas de la época como de los trabajos de los historiadores del teatro.

¿Qué puede mover a un público mayoritariamente analfabeto a aficionarse de ese modo al espectáculo dramático? En primer lugar, buena parte del mérito hay que atribuírselo a un genio de la Literatura: Félix Lope de Vega Carpio, creador por sí sólo de un teatro nacional en el más amplio sentido de la palabra, es decir, de una forma dramática que gustase a todo los públicos con independencia de la clase social o intelectual a la que pertenecieran.

Foto de una obra de teatro

Representación de 'La dama boba', comedia de enredo de Lope de Vega

Este teatro, conocido como «Comedia Nueva» para diferenciarlo de la clásica e inaugurado por Lope, fue seguido por todos los grandes dramaturgos del Siglo de Oro. Y, entre sus géneros, uno de los que contaba con más seguidores era la llamada «comedia de capa y espada» o «de enredo», que, salvando las enormes distancias, por su éxito, vendrían a equivaler para el público a las películas de acción actuales, si bien, lógicamente, tenía una calidad literaria muy superior.

El argumento era siempre parecido: un apuesto galán pretende a una dama que suele corresponderle. Pero su relación se ve obstaculizada por diferentes causas: la oposición del padre de la joven, los celos de uno de los personajes o, simplemente, un equívoco cualquiera. Tras muchos lances de honor y no pocas cuchilladas, los problemas que se interponen entre ambos acaban solucionándose y la pareja felizmente reconciliada.

A todo ello se unía la comicidad, encarnada en el papel del gracioso –también conocido como «figura del donaire»- otra creación genuina y genial del teatro español. Habitualmente personificado en el criado y cómplice del galán, viene a ser su contrafigura: es cobarde, amante del dinero y de las buenas viandas y, como plebeyo que es, ni tiene honor ni falta que le hace. Sin embargo, es noble de carácter y fiel a su señor. A la vista de todo ello, no es difícil imaginar las carcajadas que esta suerte de Sancho Panza dramático provocaría en los espectadores ni resulta raro el éxito de este tipo de obras entre ellos.

Fuente: Red teatral.

Foto: Arkángel.

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