Renacimiento nos trae ‘La isla del tesoro’, de R. L. Stevenson

Uno de los mayores clásicos de la literatura juvenil, ‘La isla del tesoro’ embarca a los lectores en una sucesión de aventuras de la mano del honesto Jim Hawkins y además está muy bien escrita. No en balde, Stevenson fue un novelista versátil, que destacó en todos los géneros narrativos que cultivó. Aún hoy se halla entre los autores más leídos del Reino Unido.

Homenaje a 'La isla del tesoro'

Una de las grandes cualidades que debe albergar un novelista es la imaginación. Y, cuando la experiencia no puede suplir a ésta, con mayor razón aún. En este sentido, es curioso por ejemplo el caso del italiano Emilio Salgari, excepcional relator de aventuras marinas que, al margen de un periplo por el Adriático, jamás viajó en barco. O el de Pío Baroja, cuyo temperamento abúlico le impidió convertirse en un hombre de acción, tal como él ansiaba, pero que nos legó extraordinarias aventuras, algunas imaginadas y otras basadas en la vida de su antepasado Eugenio de Aviraneta.

Pero quizá más singular todavía es el del escocés Robert Louis Stevenson (Edimburgo, 1850-1894), quién siempre tuvo una delicada salud que le impedía llevar una vida normal y, sin embargo, escribió varias narraciones que se hallan entre los clásicos universales de la aventura, como ‘La flecha negra’ y, sobre todo, ‘La isla del tesoro’, que ahora vuelve a editar Renacimiento.

No obstante, Stevenson sí viajó mucho. A la busca de climas más benignos que aliviasen su tuberculosis, recorrió varios continentes. Fue durante un crucero por el Pacífico sur cuando encontró en las islas de Samoa el refugio ideal. Allí viviría hasta su muerte, narrando relatos a los nativos, que lo bautizaron como Tisutala o “el que cuenta historias”. Hoy día, está enterrado en un monte cercano a Valima, su hogar samoano. Pero el autor escocés fue un escritor versátil, que no sólo cultivó la narrativa, sino también el ensayo con obras como ‘Virginibus puerisque’ o ‘Estudios familiares de hombres y libros’, el libro de viajes con ‘A través de las llanuras’ o ‘Islas del sur’ e incluso la poesía.

Así mismo dentro de la novela son varios los géneros en los que destacó. Así, nos ha legado un extraordinario relato de terror, ‘El extraño caso del doctor Jeckyll y mister Hyde’, que trata simbólicamente el tema de la doble personalidad y constituye una profunda reflexión acerca del Bien y el Mal; también escribió narraciones históricas como ‘El señor de Ballantree’ o cuentos, como los del volumen ‘Las nuevas noches árabes’, que, si bien están ambientados en Europa, siguen el formato de relato “enmarcado” propio de ‘Las mil y una noches’ (consiste éste en introducir sucesivamente cada cuento dentro de otro, al modo de las famosas matrioskas rusas).
Monumento a Robert Louis Stevenson

Por su parte, como decíamos, ‘La isla del tesoro’ es un extraordinario relato de aventuras juveniles. Narra las andanzas de Jim Hawkins, un muchacho que, casualmente, recibe un cofre que contiene el mapa para llegar a un tesoro. Ayudado por el señor de Trelawney y otros personajes, emprende el viaje a la búsqueda de éste pero, para conseguirlo, deberá afrontar los embates de los piratas, capitaneados por John Silver, que anhelan hacerse con las riquezas.

Dentro de la literatura juvenil, ‘La isla del tesoro’ es un clásico imperecedero. Buena muestra de ello son las innumerables versiones cinematográficas y televisivas que se han realizado de ella. Incluso ha sido recreado en cómics y videojuegos. Y ello no es de extrañar, pues Stevenson poseía un talento especial para el género. A su portentosa imaginación unía un estilo narrativo directo y ágil que mantiene impecablemente la tensión del relato. Publicada originariamente en 1882, de su inmediato éxito nos da idea una anécdota que ha hecho fortuna: se cuenta que el Primer Ministro británico, William Gladstone, permaneció despierto hasta las dos de la mañana para terminarla. Y ello nos indica que no sólo se trata de un relato juvenil sino que también los adultos podemos disfrutar con las andanzas del honesto Jim Hawkins. Ahora tenemos ocasión de hacerlo gracias a la editorial Renacimiento.

Fuente. RLS Website.

Fotos: Keenduck y Rob Young.

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