Las inquietudes de Shanti Andia

Con un estilo tosco y de escasas concesiones a las florituras verbales, Baroja nos ofrece un relato verosímil que nos habla de profundos sentimientos, todos ellos relacionados con la nostalgia y el recuerdo de un tiempo pasado: de lo que pudo ser y nunca fue, de lo perdido. La obra nos narra, pues, algunas de las peripecias de la infancia del protagonista y, sobre todo, de su admirado tio Juan de Aguirre. Un relato de aventuras crepuscular.

Fotograma de la adaptación para el cine de Arturo Ruiz Castillo, 1946

En 1911 se publica una de las obras capitales de Pio Baroja, Las inquietudes de Shanti Andia. Paralelamente a su gran calidad novelística, resulta interesante por todo lo que de ella se puede extraer en relación a la sensibilidad de su propio autor. Con un estilo tosco y de escasas concesiones a las florituras verbales, Baroja nos ofrece un relato verosímil que nos habla de profundos sentimientos, todos ellos relacionados con la nostalgia y el recuerdo de un tiempo pasado: de lo que pudo ser y nunca fue, de lo perdido. Pese a que pueda parecer que nos encontramos delante de un relato de aventuras marineras, lo cierto es que Shanti Andia es un personaje crepuscular al que tan solo le queda la posibilidad de apelar a un pasado mítico.

La obra nos narra, pues, algunas de las peripecias de la infancia del protagonista y, sobre todo, de su admirado tio Juan de Aguirre. Es innegable el poder e influencia que tuvieron sobre el autor las imágenes del San Sebastián portuario en el que creció Baroja. Ello se muestra con fuerza en los pasajes que construye, en la melancolía infantil que imprime al texto y en el aprecio por los detalles axhaustivos. Los paisajes y las acciones que quedaron plasmadas en la retina del escritor reviven a través de Shanti Andia, una especie de alter ego que quiso convertirse en un gran aventurero, pero que ahora se conforma con narrar lo que nunca fue.

Retrato de Pio Baroja por Juan Echevarria

Shanti Andia vive en una ensoñación continua sobre tierra firme, mientras piensa que su vida debería haberse desarrollado por completo en el mar, entre aventura y aventura. Ahora escribe sus memorias, caracterizadas por un preciosismo del paisaje y por unas descripciones que prácticamente rozan lo sensorial.

El apego de Pio Baroja por aquellos personajes débiles y perdedores se ejemplifica a la perfección con Andia, siempre tratado desde el respeto y el cariño. Sin embargo, Shanti Andia nunca llegó a ser un aventurero. Quizá no vivió la época sanvaje de su tío o no tuvo la sangre ardiente del mismo. El conformismo al que se vió abocado le pasa en cierto modo factura a una edad madura. De esta manera, la reflexión de Shanti, pese a feliz, está cargada con una frustrante melancolía que le hace vagabundear entre reflexiones, apelar al escapismo para poder sobrevivir y, como no, acercarse a la playa.

Fuentes: Cuchitril Literario; Losbaroja.com

Retrato por Jon.Arregui en Flickr

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